En 2017, España hizo historia en el ámbito del control fiscal con la implantación del Sistema de Información Inmediata (SII). Este sistema, un cambio crucial en la Ley del IVA, obligaba a las grandes empresas a comunicar electrónicamente a la Agencia Tributaria los detalles de cada factura casi en tiempo real. Ocho años después, en 2025, el sistema se ha consolidado, y España cuenta ahora con uno de los sistemas de control fiscal más avanzados de Europa, impulsado por una impresionante infraestructura tecnológica que se apoya en inteligencia artificial y tarjetas gráficas de última generación.
Desde sus inicios, el SII se destacó por su capacidad para construir una gigantesca base de datos por NIF, registrando detalladamente cada transacción electrónica realizada en el país. Aprovechando los avances tecnológicos, el volumen de información se ha multiplicado y, por ende, también las capacidades de análisis de la Agencia Tributaria. Hoy, casi todas las empresas operando en el territorio nacional están sujetas a este sistema, lo cual amplía notablemente el espectro de vigilancia.
El reciente auge de la inteligencia artificial generativa y el uso de potentes GPU como las NVIDIA H100 y H200 han renovado el enfoque del análisis masivo de datos. Sin embargo, el gobierno español ha mantenido un manto de opacidad respecto a la inversión en estas tecnologías para fines fiscales. Aunque no existen confirmaciones oficiales sobre la adquisición de hardware de inteligencia artificial, corren rumores en los entornos tecnológicos sobre la compra de decenas de GPUs avanzadas. Estas herramientas podrían convertir al fisco en una entidad capaz de realizar un análisis predictivo sofisticado, identificado a tiempo patrones de fraude y discrepancias fiscales.
No obstante, este poder tecnológico plantea cuestionamientos sobre hasta dónde debe llegar el control fiscal. Desde que el SII vio la luz, se ha debatido intensamente sobre el equilibrio entre eficiencia tributaria y privacidad del ciudadano. Si bien la automatización y el uso de inteligencia artificial podrían reducir el fraude sin incrementar la carga sobre los contribuyentes cumplidores, la preocupación persiste. Las tecnologías avanzadas podrían terminar siendo usadas para escudriñar meticulosamente las finanzas personales de los ciudadanos.
Cabe preguntarse para qué y cómo utilizará Hacienda estas sofisticadas herramientas. ¿Su objetivo será desenmascarar evasiones fiscales de gran envergadura o identificar pequeñas fallas de la clase media? El desafío radica en utilizar este poderío tecnológico para construir un sistema fiscal equitativo y eficiente que no pase por alto el derecho a la privacidad económica de los ciudadanos.
Ejemplos de casos emblemáticos, como las célebres reformas pagadas en B del Partido Popular o las conocidas facturas del exministro Soria, muy probablemente habrían quedado al descubierto rápidamente de haber existido un sistema tan avanzado como el actual desde sus inicios. La mejora en la trazabilidad de las facturas y el análisis automatizado permitirían evitar largas investigaciones judiciales.
El futuro del control fiscal se desplaza del papel a una realidad definida por la intersección entre la tecnología, el big data y la inteligencia artificial. La reflexión pendiente es si estas innovaciones lograrán construir un modelo más justo y transparente, o si se convertirán en una herramienta que profundice la vigilancia financiera hasta el más mínimo detalle. Mientras tanto, los contribuyentes aún anhelan una evolución complementaria: la reducción de cargas fiscales y la simplificación de los trámites administrativos que acompañe esta transformación digital.