

En la era del cuidado personal, la obsesión por lograr la “piel perfecta” se ha instaurado como una tendencia global, alimentada en gran parte por las redes sociales y la cultura del skincare. Sin embargo, no todo el enfoque en la salud cutánea debe ser una búsqueda de la perfección, sino más bien un cuidado que priorice el bienestar y la salud de la piel.
La especialista Johanna Furlan, cirujana plástica, hace hincapié en que “lo fundamental es que la piel esté sana; la obsesión puede ser contraproducente”. En una entrevista en Infobae en vivo, Furlan aclaró que la moda coreana del cuidado facial no es solo una tendencia pasajera, sino una parte arraigada en su cultura diaria. Para ella, el interés creciente en protección solar, hidratación y limpieza es positivo, pero advierte que cuando estos hábitos se transformar en un fanatismo, pueden convertirse en una carga más que en un beneficio.
El aumento de consultas a edades cada vez más tempranas también preocupa a la especialista. “Hoy consultan chicos cada vez más jóvenes, incluso preadolescentes. Es clave no generar obsesión: hay que cuidar la piel, no perseguir una perfección artificial”, advierte. Respecto a la edad adecuada para comenzar a incorporar rutinas de skincare, Furlan señala que no hay un momento exacto, sino que en la adolescencia, cuando aparecen problemas como el acné, se puede empezar con pequeñas rutinas, siempre sin excesos de productos. Por ejemplo, recomienda enfocar en la hidratación y el uso de protectores solares, en lugar de recurrir a una gran cantidad de cremas y tratamientos.
El uso del ácido hialurónico en menores de 14 años, por ejemplo, no tiene sentido desde la perspectiva clínica, ya que la hidratación en su estado natural debe ser suficiente para la mayoría de los jóvenes. La profesional también responde a la influencia de las redes sociales y los filtros digitales, que muchas jóvenes desean parecerse a los rasgos modificados en las plataformas digitales, como si buscaran imitar un filtro de Instagram. Aquí, su postura es clara: acompañar y orientar, sin fomentar distorsiones de la identidad.
Otro aspecto que ha generado debate es la presión estética, especialmente en adolescentes y mujeres jóvenes. Furlan destaca que los rasgos asimétricos o naturales, que en otro tiempo se consideraban distintivos, ahora son a menudo objeto de modificación innecesaria. La tendencia mundial apuesta por la naturalidad, buscando que los retoques no sean evidentes y se integren con la identidad de cada persona.
En cuanto a la ética profesional, la médica insiste en que no todo debe centrarse en aspectos meramente estéticos. La belleza verdadera, señala, está en respetar la individualidad y los rasgos auténticos. La moda pasajera y las excusas de perfección artificial pueden ser peligrosas si se convierten en obsesiones, afectando la autoestima y la salud emocional.
El fenómeno de los “spa parties” y el inicio en el uso de productos cosméticos en niñas pequeñas también preocupa. Furlan coincide en que la industria cosmética tiene un papel importante en la creación de expectativas y hábitos, por lo tanto, la orientación debe ser siempre responsable y educativa.
Más allá de la estética, la conexión entre bienestar emocional y salud de la piel es un tema central en la visión moderna del cuidado. La piel y el sistema nervioso están estrechamente ligados; el estrés, la ansiedad y otras emociones pueden manifestarse en problemas dermatológicos. En respuesta a esto, surgen tecnologías como el ExoMind, que estimulan zonas cerebrales para reducir el estrés y mejorar el bienestar general, promoviendo así una longevidad saludable. Terapias no invasivas y protocolos específicos buscan que el cuidado del interior se refleje en la apariencia externa, en un enfoque holístico y equilibrado.
En definitiva, la tendencia actual en estética va más allá de lo superficial. Se trata de una visión integral que combina avances tecnológicos, hábitos saludables y respeto por la individualidad, promoviendo una belleza auténtica que surge desde el bienestar interno hacia el exterior.
