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Juanma Lorente advierte: «Cualquier acción en la cena de empresa puede ser motivo de despido»

Un compañero de trabajo siendo

En la temporada navideña, las cenas de empresa se consolidan como uno de los eventos más esperados y también más controvertidos en el calendario laboral. Son momentos de esparcimiento, donde empleados y directivos buscan fortalecer lazos y celebrar los logros del año, pero también pueden convertirse en verdaderos terrains movedizos desde el punto de vista legal y profesional.

Un aspecto que con frecuencia pasa desapercibido es que, pese a que estas celebraciones se realizan fuera del horario laboral y en un ambiente más distendido, la relación laboral no se suspende automáticamente. La presencia de jefes, responsables y compañeros durante estos encuentros hace que la línea entre lo personal y lo profesional quede difusa. Esto, sumado a factores como el consumo de alcohol y la interacción en un clima relajado, puede propiciar comportamientos que en otras circunstancias serían inaceptables o incluso sancionables.

El abogado laboralista Juanma Llorente advirtió en una reciente serie de contenidos en plataformas digitales que cualquier comportamiento inapropiado durante la cena puede acarrear consecuencias legales para los empleados. En su análisis, enfatiza que “cualquier cosa que hagas en la cena de empresa es motivo de despido”, estableciendo un recordatorio claro de que las apariencias y comportamientos en estos eventos, aunque parezcan en seguida inofensivos, dejan huella y pueden tener consecuencias duraderas.

Uno de los principales riesgos radica en la confusión de contextos. Aunque la celebración se lleva a cabo en un entorno distendido, la presencia de autoridad y la interacción en un escenario que sigue vinculando al empleado con su trabajo, hacen que cualquier acción irreflexiva pueda trasladarse al ámbito laboral. La ingesta de alcohol, por ejemplo, no exime de la responsabilidad sobre las palabras y acciones: discusiones, comentarios despectivos, bromas fuera de lugar o críticas a superiores pueden ser interpretadas como conductas contrarias a las normas internas y justificar medidas disciplinarias.

El ambiente festivo, además, suele promover la impulsividad. La comida, el alcohol y un entorno relajado facilitan que alguien pierda la paciencia o que reciba la tentación de realizar comentarios que en otro contexto serían inapropiados. Comentarios sobre compañeros ausentes, discusiones sobre decisiones empresariales o simples bromas pueden escalar rápidamente y dejar una impresión negativa, tanto para quien las realiza como para el resto del grupo.

Llorente también alerta sobre el impacto de compartir información confidencial o hechos internos durante estas veladas. La informalidad no debe ser sinónimo de pérdida de criterios, ya que lo que sucede en una cena puede conocerse y difundirse fuera del ambiente, afectando la imagen de la empresa e incluso generando conflictos internos.

Por otra parte, el consumo de alcohol, aunque común en estos eventos, no exime de responsabilidad. La responsabilidad por las acciones no desaparece sin importar cuánto se haya bebido, y las conductas irrespetuosas o agresivas no están justificadas por el estado de ebriedad. La moderación y el respeto son claves para evitar que la celebración se convierta en una fuente de problemas laborales y legales.

La recomendación principal del experto y de expertos en recursos humanos es mantener la prudencia y la conducta habitual. Aunque la idea sea disfrutar y celebrar, cada quien debe recordar que la línea a no cruzar sigue siendo válida. Ser educados, evitar excesos y no entrar en territorios sensibles, como comentarios políticos, personales o sobre la empresa misma, puede marcar la diferencia entre una celebración agradable y una fuente de conflictos futuros.

Asimismo, es importante tener en cuenta que las cenas de empresa no son obligatorias. Participar o no, y el nivel de asistencia, puede ser una estrategia para manejar situaciones incómodas o evitar riesgos innecesarios. En cualquier caso, el compromiso constante debe ser con mantener el profesionalismo, incluso en momentos de celebración.

En definitiva, el consejo es claro: disfrutar de las festividades es compatible con actuar con cautela y respeto en todo momento. La relación laboral no desaparece en estas ocasiones, y lo que sucede en ellas puede repercutir en el desarrollo profesional de cada empleado. Pensar antes de hablar, actuar con mesura y recordar cuáles son los límites profesionales resulta fundamental para evitar que unas simples cenas navideñas se conviertan en un problema legal o de imagen para todos los involucrados.

Mariana G.

Mariana G. es una periodista europea y editora de noticias de actualidad en Madrid, España, y el mundo. Con más de 15 años de experiencia en el campo, se especializa en cubrir eventos de relevancia local e internacional, ofreciendo análisis profundos y reportajes detallados. Su trabajo diario incluye la supervisión de la redacción, la selección de temas de interés, y la edición de artículos para asegurar la máxima calidad informativa. Mariana es conocida por su enfoque riguroso y su capacidad para comunicar noticias complejas de manera clara y accesible para una audiencia diversa.

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