

El Día Mundial de la Obesidad, celebrado cada 4 de marzo, invita a reflexionar sobre una problemática de alcance global que afecta a más de 1.000 millones de personas en todo el mundo. En España, se estima que el 18,7% de la población adulta vive con obesidad, una cifra en aumento que demanda una estrategia de intervención más completa y multisectorial.
Durante años, la obesidad se ha tratado principalmente como un problema físico, focalizándose en el peso, la nutrición y la actividad física. Sin embargo, esta es una enfermedad crónica y compleja en la que intervienen factores biológicos, ambientales y sociales, además de elementos emocionales y psicológicos que a menudo pasan desapercibidos.
Desde Ita Salud Mental, se hace hincapié en la conexión entre la obesidad y el estado emocional de quienes la padecen. Las emociones como la frustración, la culpa, la ansiedad y la baja autoestima no solo son comunes en personas con obesidad, sino que también son parte integral del trastorno. Conductas alimentarias compulsivas, como el Trastorno por Atracón, son ejemplos de cómo la ingesta de alimentos puede convertirse en un mecanismo para lidiar con emociones difíciles, sin la presencia de comportamientos compensatorios, pero con una carga significativa de culpa y angustia después de cada episodio de atracón.
Montse Bascuas, coordinadora de la Unidad de Trastorno por Atracón y Obesidad de Ita Diagonal, subraya que el tratamiento de la obesidad no puede limitarse a la reducción de calorías. «Es crucial contar con un apoyo psicológico especializado que explore y trabaje las emociones subyacentes a ciertos hábitos alimentarios. La distinción entre ingesta emocional y nutricional es clave, así como aprender a manejar estados de ánimo negativos sin que estos deriven en conductas alimentarias perjudiciales», sostiene Bascuas.
Este enfoque integral, que combina intervenciones médicas y nutricionales con terapia psicológica, no solo mejora la salud física, sino que también potencia la calidad de vida y el bienestar emocional. Para Bascuas y su equipo, abordar las emociones asociadas con la obesidad facilita no solo el cambio de hábitos, sino que también ayuda a romper con estigmatizaciones, mejora la autoestima y promueve una relación más saludable con el cuerpo y la alimentación.
La iniciativa de Ita Salud Mental recalca que la obesidad no es únicamente un asunto de cifras en la báscula, sino una condición multidimensional que exige atención desde todos los ángulos posibles, comenzando por el reconocimiento y tratamiento de las complejidades emocionales vinculadas. Esto no solo responde a una necesidad terapéutica, sino que abre la puerta a una comprensión más compasiva y efectiva de la obesidad en la sociedad.
