En su discurso ante la Asamblea General de la ONU, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, subrayó que su país está en una batalla esencial por su supervivencia, enfrentándose a lo que describió como «la maldad» de Irán y sus aliados en Oriente Próximo. Netanyahu reiteró que Israel busca la paz y actúa en defensa propia contra el terrorismo de Hamás y Hizbulá, apuntando a la necesidad de detener el programa nuclear iraní. A pesar de la justificación ofrecida por el premier, la guerra continúa con bombardeos sobre Gaza y el Líbano, incrementando significativamente las víctimas civiles, con más de 41.000 muertos en Gaza el último año y 700 en la última semana en Líbano. Netanyahu aseguró que Israel seguirá adelante hasta terminar con la capacidad operativa de Hizbulá y pidió a Hamás la liberación de rehenes y el desarme para finalizar el conflicto.
Horas antes del discurso de Netanyahu, el presidente palestino Mahmud Abás también intervino ante la Asamblea General, acusando a Israel de genocidio y solicitando el cese de la venta de armas al Estado judío. Abás advirtió que el mundo entero es responsable de la tragedia del pueblo palestino y criticó a Estados Unidos por su veto a resoluciones del Consejo de Seguridad que proponían un alto el fuego en Gaza. Además, Abás propuso un plan de doce puntos para la posguerra en Gaza y anunció su intención de solicitar la expulsión de Israel de las Naciones Unidas debido a sus incumplimientos continuados de resoluciones de la organización. Mientras tanto, la situación en el Líbano sigue agravándose con ataques continuos de las fuerzas israelíes contra Hizbulá, lo que ha llevado el riesgo de una guerra total en la región a niveles sin precedentes.
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