
Con el inicio del 2026, Europa se encuentra en medio de una intensa competencia por la expansión y evolución de su infraestructura digital, con los centros de datos como protagonistas indiscutibles. Ya no es suficiente con tener más espacio. Las claves del momento giran en torno a la energía garantizada, plazos de construcción ajustados y una preparación adecuada para las crecientes demandas de Inteligencia Artificial (IA).
España se posiciona como un jugador central en esta dinámica, actuando como un foco de operaciones significativas en diversos frentes: hiperescala, edge y colocation. Empresas como Templus han realizado movimientos estratégicos con la adquisición de tres centros de datos en Lisboa, Madrid y Valencia/Paterna, consolidándose con una capacidad de 6,5 MW. Este impulso se complementa con el inicio del primer centro de datos en Ceuta, diseñado para alcanzar hasta 2,4 MW. Simultáneamente, Box2Bit ha lanzado el ambicioso proyecto Epilon en Épila, Zaragoza, con una inversión inicial de 1.125 millones de euros y la posibilidad de expandirse hasta 520 MW.
En el corazón de esta transformación, la capacidad energética y la agilidad en la ejecución juegan un papel crucial. Las empresas buscan soluciones rápidas, como la compra y reconversión de edificios o el establecimiento de acuerdos de potencia, mientras las regiones compiten por atraer inversiones prometiendo terreno y conexiones eléctricas facilitadas.
Francia también se hace notar en este contexto, destacando con el desarrollo del campus BXIA en Burdeos que, con una capacidad de 250 MW, busca apoyar la infraestructura para una IA «soberana». Finlandia, por su parte, no se queda atrás y se consolida como un imán para grandes proyectos gracias a su acceso a energía competitiva y clima favorable para la refrigeración de estos gigantes de datos. Google ha dado un paso significativo al adquirir 900 hectáreas en Vaala, resaltando el potencial del norte europeo como reserva estratégica de suelo y energía.
Mientras tanto, el Reino Unido explora la reconversión de suelo industrial existente en un esfuerzo por responder a la demanda sin crear nuevas cicatrices urbanísticas. Un ejemplo de esto es el proyecto de AWS en Didcot, Oxfordshire, y la transformación planeada por Carbon3.ai del antiguo complejo Octel en Gales.
Con todos estos desarrollos, el mensaje es claro: Europa está en una carrera por liderar la infraestructura digital del futuro, donde cada territorio busca su ventaja competitiva en energía, espacio y rapidez de ejecución. La capacidad para asegurar un suministro eléctrico estable se perfila como un activo más valioso que el terreno en sí, marcando una nueva era en la pelea por el dominio del mundo digital.
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