
La República Islámica de Irán ha intensificado sus ataques en Oriente Próximo, centrándose en países árabes que albergan bases militares estadounidenses, en respuesta a la declaración de guerra de Estados Unidos e Israel con el objetivo de derrocar al régimen iraní. Este conflicto emergente ha escalado tras la confirmación del asesinato del líder supremo de Irán, Alí Jameneí, lo que ha motivado a las fuerzas iraníes a extender sus bombardeos a nuevos países como Omán, que había sido clave en las negociaciones nucleares entre Teherán y Washington. Además, un barco petrolero cerca del puerto omaní de Khasab fue atacado, hiriendo a varios tripulantes y elevando las tensiones en el estratégico estrecho de Hormuz, del cual depende el tránsito de un 20% del petróleo mundial.
Con este trasfondo, el espacio aéreo de varios países, incluidos Irán, Israel y las monarquías del Golfo, permanece cerrado, lo que ha ocasionado la cancelación de 1.800 vuelos globalmente. Mientras tanto, las ofensivas militares continúan, con Israel lanzando nuevos bombardeos sobre Teherán. Las explosiones en ciudades del Golfo, como Dubái y Doha, han dejado un saldo de víctimas y heridos, al tiempo que Omán, tras dos ataques con drones en la ciudad de Duqm, ha condenado las acciones de Teherán. La posibilidad de bloquear el estrecho de Hormuz, una proverbial carta geopolítica de Irán, mantiene al mundo en vilo. Desde el estallido del conflicto, sirenas antiaéreas resuenan en Israel y el número de víctimas aumenta en ambos bandos mientras la región enfrenta una crisis creciente con posibles repercusiones globales.
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