
Irak, tras la derrota del Estado Islámico, ha caído en el olvido mediático, eclipsado por conflictos en la región como Siria y Gaza. La retirada de las tropas estadounidenses y las recientes elecciones legislativas podrían redefinir el equilibrio de poder en el país, alejándolo de la influencia iraní. Desde el fin de la presencia militar de EE.UU., ampliamente respaldado por los partidos chiíes pro-iraníes, surge el temor de que las milicias puedan incrementar su poder, exacerbando la tensión sectaria. Este contexto cobra especial relevancia debido al predominio histórico de Irán en Irak desde la invasión estadounidense en 2003, influencia que ha sido objeto de disputas internas y externas.
Los comicios legislativos reflejan la fragmentación de los grupos chiíes que solían estar unificados bajo la tutela iraní, en un paisaje político más complejo y dividido. Mientras que los aliados iraquíes de Irán se han mantenido al margen de los recientes conflictos con Israel, la presión interna y los deseos de soberanía nacional generan un marco de incertidumbre. Las elecciones podrían reducir la influencia iraní, pero Teherán sigue viendo a Irak como parte de su esfera de influencia. No obstante, esta intervención se enfrenta a crecientes desafíos logísticos y políticos, complicando el apoyo a aliados en Siria y Líbano, y poniendo de relieve la dinámica cambiante del poder en la región.
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