La industria de los semiconductores podría estar al borde de un cambio significativo, con la colaboración entre Intel y TSMC, aunque aún no se ha confirmado oficialmente. Este acuerdo preliminar para crear una empresa conjunta con sede en Estados Unidos busca reforzar la fabricación nacional de chips, una medida impulsada por el gobierno norteamericano desde las administraciones de Trump y Biden para reducir la dependencia de Asia en esta tecnología crucial.
La asociación con TSMC, la mayor fabricante de chips por encargo del mundo, permitiría a Intel aprovechar la experiencia en procesos de fabricación de vanguardia de la compañía taiwanesa. A cambio, TSMC se beneficiaría de la infraestructura y el acceso al mercado estadounidense que Intel proporciona. Esta unión ha generado reacciones mixtas en los mercados, reflejadas en el aumento del 7% en el valor de las acciones de Intel, mientras que las de TSMC han sufrido una caída del 6%.
Entre las preocupaciones que plantean los inversores de TSMC destacan la posible pérdida de independencia estratégica al someterse a normativas estadounidenses, el riesgo de transferencia tecnológica hacia Intel, y el debilitamiento de sus márgenes de beneficios si Intel capitaliza los logros estratégicos. Además, el impacto geopolítico de esta alianza podría desencadenar represalias o restricciones en Estados Unidos y China, donde TSMC tiene operaciones importantes.
Hasta ahora, ni Intel ni TSMC han comentado públicamente sobre el acuerdo, manteniendo el misterio y la expectativa. Este silencio coincide con cambios internos en Intel, siendo el más destacado el nombramiento de Lip-Bu Tan como nuevo CEO, quien liderará a la empresa hacia una nueva era de innovación.
La potencial empresa conjunta también llega en un momento crucial en el que empresas como NVIDIA y Broadcom prueban chips fabricados con la tecnología Intel 18A, un proceso avanzado aún en fase de riesgo. Si estos experimentos resultan exitosos, Intel podría consolidarse como un actor clave en la fabricación de semiconductores para inteligencia artificial, un segmento en auge.
Este movimiento trasciende el ámbito comercial y se inscribe en el marco de la seguridad tecnológica y económica nacional de Estados Unidos, que se esfuerza por recuperar protagonismo industrial en medio de las tensiones con China y la escasez global de chips de los últimos años. Para Intel, este acuerdo podría significar el relanzamiento de su papel como fundición abierta para terceros, mientras que TSMC enfrenta el reto de expandirse sin perder autonomía.
El sector tecnológico mundial observa con atención, ya que esta alianza podría redefinir el panorama global de la fabricación de semiconductores en los próximos años.