

En los últimos años, el avance en la medicina oncológica ha abierto nuevas puertas para quienes enfrentan diagnósticos que antes parecían limitar significativamente sus vidas y futuros familiares. Uno de los desafíos más complejos y emotivos ha sido la pérdida de fertilidad en mujeres jóvenes que deben someterse a tratamientos agresivos contra el cáncer, especialmente el colorrectal, que ahora cobra protagonismo en este escenario. Sin embargo, la ciencia ha logrado dar un paso importante hacia la esperanza: un procedimiento quirúrgico experimental desarrollado en Brasil promete permitir que mujeres en edad reproductiva puedan preservar su capacidad de gestar después de completar sus tratamientos oncológicos.
Este procedimiento, que ha ido ganando reconocimiento en la comunidad médica internacional, consiste en una intervención laparoscópica que consiste en trasladar temporariamente el útero, las trompas de Falopio y los ovarios fuera de la pelvis para protegerlos del daño que ocasionan la radioterapia y la quimioterapia. El objetivo es evitar que estos órganos, esenciales para la reproducción, sufran las lesiones que normalmente implican estos tratamientos, garantizando así la posibilidad de un embarazo natural tras la recuperación.
La técnica fue inicialmente desarrollada en 2017 por el cirujano brasileño Reitan Ribeiro en Curitiba y actualmente ha sido replicada en países como Suiza, Estados Unidos, Perú, Israel, India y Rusia. Hasta ahora, se han reportado cerca de 40 intervenciones en total, con al menos seis nacimientos exitosos en diferentes partes del mundo. Uno de los casos que ha recibido atención internacional es el de una mujer suiza de 28 años, diagnosticada con adenocarcinoma rectal localmente avanzado. Tras el traslado del útero y los órganos reproductores fuera de la pelvis, logró concebir de manera natural 18 meses después y dio a luz a un bebé sano a las 37 semanas, mediante una cesárea programada.
El procedimiento, que requiere de una planificación técnica exhaustiva, implica mantener una precisión extrema. Tras completar el tratamiento contra el cáncer, los médicos reubican los órganos en su posición original, restaurando así su función, lo que exige habilidades quirúrgicas avanzadas y cuidadoso manejo para evitar lesiones o comprometernos la irrigación sanguínea. A pesar de las ventajas, la técnica sigue en etapa experimental y solo se realiza en centros especializados, ya que no todas las pacientes con cáncer colorrectal cumplen con los criterios adecuados para someterse a ella. La selección de candidatas es rigurosa, considerando la extensión del tumor y la urgencia del tratamiento oncológico.
El desarrollo de esta técnica refleja un compromiso creciente con la calidad de vida y los derechos reproductivos de las mujeres jóvenes enfrentadas a enfermedades oncológicas. La idea central es ofrecer una alternativa que, además de tratar el cáncer, permita mantener abiertas las posibilidades de tener hijos de manera natural, sin depender únicamente de la congelación de óvulos o embriones, métodos tradicionales en la medicina reproductiva. Sin embargo, el camino hacia la implementación generalizada aún tiene obstáculos: aunque los resultados preliminares son alentadores, las complicaciones posibles, como lesiones durante la movilización de órganos o problemas en la irrigación sanguínea, siguen presentes.
Además, el tiempo que requiere la cirugía y el traslado de órganos puede impactar en la rapidez con la que se inicia el tratamiento oncológico, un factor crucial en la lucha contra el cáncer. Por ello, los expertos subrayan la importancia de continuar investigando para evaluar la seguridad y eficacia a largo plazo de la técnica, que hoy por hoy sigue considerándose experimental y disponible únicamente en centros altamente especializados y experimentados.
A pesar de las limitaciones, la comunidad científica ve en esta innovación una oportunidad para ampliar el catálogo de opciones para que las mujeres jóvenes con cáncer pélvico puedan pensar en un futuro donde la maternidad siga siendo una posibilidad, aun enfrentando una enfermedad tan grave como el cáncer colorrectal. La esperanza está puesta en seguir perfeccionando la técnica, en estudios que confirmen su seguridad y en la voluntad de muchas pacientes que sueñan con recuperar su fertilidad y construir su familia tras superar la enfermedad.
