
Túnez, reconocido a menudo como pionero en el mundo árabe e islámico en términos de derechos de la mujer, enfrenta desafíos significativos al tratar de materializar estos avances, especialmente en las áreas rurales. Las mujeres que trabajan en el sector agrícola continúan siendo uno de los grupos más vulnerables en cuanto a derechos sociales y económicos, enfrentando abusos y condiciones de trabajo deplorables. Estudios recientes muestran que el 92% de estas trabajadoras carecen de cobertura de seguridad social, y la gran mayoría recibe salarios inferiores al mínimo establecido. A esta precariedad se suma la peligrosa forma de transporte conocida localmente como «camiones de la muerte», que ha cobrado varias vidas y resaltado la falta de aplicación de normativas diseñadas para proteger a estas trabajadoras.
Desde la revolución de 2011, el feminismo tunecino ha intensificado su enfoque en los derechos de las mujeres rurales, buscando mejorar sus condiciones laborales y sociales. La creación del primer sindicato de mujeres trabajadoras agrícolas en 2021 es un avance significativo, proporcionando una plataforma para defender sus derechos y lograr mejoras como aumentos salariales. Sin embargo, la lucha sigue, especialmente considerando las estructuras patriarcales que limitan la propiedad de la tierra y los recientes desafíos legales enfrentados por organizaciones feministas, como la Asociación Tunecina de las Mujeres Demócratas (ATFD). A pesar del apoyo internacional de entidades como Amnistía Internacional, la falta de implementación gubernamental efectiva y el escepticismo sobre las verdaderas intenciones del gobierno han dejado a las mujeres rurales de Túnez en una situación crítica, luchando no solo por sus derechos laborales, sino también por su dignidad y seguridad.
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