La escalada del conflicto en Beirut ha captado la atención mundial en un momento crítico, mientras los líderes internacionales intervienen en la ONU sin lograr frenar la violencia. En un devastador ataque, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha eliminado a los principales jefes de Hezbolá. Sin embargo, esta escalada de hostilidades podría desencadenar una situación aún más grave, con Irán observando atentamente el desarrollo de los eventos. Beirut, una vez conocida como la «Suiza de Oriente Próximo» por su desarrollo y estabilidad, se enfrenta ahora a una destrucción sin precedentes que amenaza con desestabilizar aún más la región.
En otro frente, las aguas de El Hierro, en el Mediterráneo, se han convertido en un sombrío escenario de busca y rescate tras el naufragio de un cayuco lleno de migrantes. Las operaciones en esta zona ya se centran únicamente en la recuperación de los cuerpos de las víctimas, destacando así la tragedia humana en medio de la crisis migratoria. Al mismo tiempo, la comunidad internacional se enfrenta a una parálisis institucional, debilitada por la proliferación de líderes fanáticos y déspotas electos, lo que dificulta la resolución efectiva de conflictos y emergencias humanitarias como las que actualmente ocurren en Beirut y en las rutas migratorias hacia Europa.
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