El paso de la borrasca Kristin por la península Ibérica ha dejado un rastro de devastación, especialmente en el centro y oeste de Portugal, donde se han contabilizado al menos siete fallecimientos. Los severos vientos y lluvias torrenciales provocaron la caída de árboles y estructuras, y en una ocasión, el desbordamiento de un río arrastró un vehículo, causando la muerte de su ocupante. Aunque la tormenta se ha alejado hacia el mar, las consecuencias persisten: alrededor de 450.000 personas continúan sin electricidad debido a los daños en la infraestructura de la red energética, con el distrito de Leiria siendo uno de los más afectados. En respuesta a la situación, el gobierno portugués ha declarado el estado de calamidad en las áreas más perjudicadas, mientras el primer ministro Luís Montenegro aplazó visitas oficiales para supervisar los trabajos de emergencia.
El impacto de Kristin ha sido uno de los más graves registrados por las Redes Energéticas Nacionales, con daños significativos a 774 kilómetros de líneas de alta tensión y la caída de 61 postes. La conectividad también sufrió con la interrupción de servicios ferroviarios clave, como la línea entre Lisboa y Oporto, impidiendo el tránsito regular entre las principales urbes del país. Localidades como Figueiró dos Vinhos enfrentan problemas críticos de aislamiento, con apenas reservas de agua para unas pocas horas más. Ante esta situación, las autoridades han atendido más de 5.600 emergencias relacionadas con el temporal, lo que resalta la magnitud de la respuesta requerida. En el contexto político, tanto el presidente portugués Marcelo Rebelo de Sousa como los candidatos a la próxima elección presidencial, António José Seguro y André Ventura, visitaron las zonas devastadas, subrayando la importancia de la solidaridad nacional en estos momentos críticos.
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