El incremento de problemas de salud mental relacionados con el trabajo ha alcanzado niveles alarmantes, duplicándose el número de bajas temporales desde 2016 hasta alcanzar las 643.000 en 2024, según un estudio de la Universidad de Valencia. Mientras que una incapacidad temporal común dura 45 días en promedio, las bajas por trastornos mentales se prolongan hasta 116 días, lo que revela la gravedad del problema. La sobrecarga laboral es un factor crítico, como se evidenció en un reportaje de The Verge sobre trabajadores de Amazon que, exhaustos, llegan al extremo de quedarse dormidos en el estacionamiento antes de regresar a casa. Estas cifras destacan la urgente necesidad de abordar la presión laboral extrema que “está enfermando a quienes lo desempeñan”, como señala Adrián Todolí, catedrático de Derecho del Trabajo.
Todolí, en su obra «La huida del trabajo», explora las raíces de este fenómeno, situando la culpa en cambios tecnológicos, la debilidad sindical y la desregulación del mercado laboral, que han proporcionado a los empleadores un poder desmedido. Señala la falacia de que cargas laborales más pesadas aumenten la productividad, afirmando que, en realidad, perjudican tanto a la salud como al rendimiento. Además, argumenta que medidas como la reducción de la jornada no solucionan el problema si persiste la exigencia de un ritmo laboral extenuante. Ante esta situación, el experto aboga por una legislación más protectora y la revitalización del papel sindical, utilizando ejemplos de otros países como Polonia, que limita los niveles de esfuerzo físico para salvaguardar la salud de los trabajadores.
Leer noticia completa en El Pais.
