El nerviosismo económico se apoderó de los mercados financieros globales, generando pérdidas masivas de valor que ascienden a 2,7 billones de dólares, en un día que los expertos han comparado con los peores momentos de la crisis sanitaria del Covid-19. El temor a nuevos aranceles y a una posible recesión ha sido el principal catalizador de esta debacle financiera, afectando especialmente a las grandes empresas tecnológicas, que vieron evaporarse 850.000 millones de dólares de su capitalización bursátil en cuestión de horas. Los inversionistas, preocupados por el impacto de políticas proteccionistas y un freno en el crecimiento económico mundial, buscaron refugio en activos menos volátiles, aumentando la presión sobre las acciones más expuestas a la incertidumbre comercial.
Las tensiones se intensificaron tras declaraciones de líderes políticos que sugieren un endurecimiento de las barreras comerciales, desatando un efecto dominó en los mercados de valores de Asia, Europa y América. Al cierre de las operaciones, los índices principales registraron caídas históricas, y los analistas pronostican que la volatilidad podría persistir en los próximos días a medida que los inversores evalúan riesgos y reajustan sus carteras. Este episodio ha reavivado el debate sobre la sostenibilidad de las políticas económicas actuales y ha planteado nuevas dudas sobre la resistencia del sector tecnológico ante turbulencias económicas. Las autoridades económicas mundiales ahora enfrentan el reto de calmar los mercados y evitar una espiral descendente que comprometa la recuperación económica post-pandemia.
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