La enuresis, una condición que se manifiesta como la incapacidad de controlar la micción durante la noche, impacta significativamente en las familias españolas, afectando no solo la rutina diaria sino también la estabilidad emocional de los niños que la padecen. Esta situación es más común de lo que se podría suponer, afectando entre el 3% y el 10% de los hogares con niños, según la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP).
La doctora Almudena Sánchez, pediatra en el CAP Les Hortes de Barcelona, explica que aproximadamente el 10% de los niños de 5 años presenta enuresis. Este porcentaje se reduce al 5% en la preadolescencia y al 3% en la adolescencia, aunque en algunos casos, puede persistir en la adultez.
Las causas de este trastorno radican, principalmente, en problemas de alerta ante la sensación de vejiga llena durante el sueño. También se vincula con alteraciones en el ciclo de la hormona antidiurética y con inestabilidad vesical, lo que origina contracciones involuntarias. Además, la enuresis puede asociarse con otras condiciones como el TDAH, problemas respiratorios durante el sueño y trastornos urinarios. Ante la aparición de estos síntomas, es esencial acudir a un especialista para entender las causas subyacentes.
Durante la Semana Santa, cuando muchas familias planean viajes, la enuresis puede agregar una capa de estrés y ansiedad. Los niños que viven con esta condición a menudo sienten vergüenza, mientras que los padres pueden ocultar el problema por temor a juicios externos. Los profesionales recomiendan que no se culpe ni reprenda a los niños, ya que la enuresis no es voluntaria. En cambio, el enfoque debe centrarse en el apoyo y la empatía para ayudar a los jóvenes a gestionar su situación.
El impacto de la enuresis va más allá de lo logístico, afectando el bienestar emocional. Puede reducir la autoestima, incrementar la inseguridad y promover el aislamiento social, interferencias que también pueden reflejarse en el rendimiento académico. Minimizar el problema esperando que desaparezca por sí solo no es una solución viable, según los expertos de SEPEAP, quienes destacan la importancia de buscar ayuda profesional si el problema persiste después de los 5 años.
Consultar con un pediatra puede ofrecer claridad sobre las causas de la enuresis y explorar estrategias efectivas para su manejo. Con el apoyo correcto, las familias pueden mitigar los efectos de la enuresis, mejorando así la calidad de vida de los niños afectados y sus entornos familiares. En última instancia, el objetivo es transformar la perspectiva frente a esta condición, promoviendo una comprensión más profunda y una esperanza tangente de mejora.