El anuncio del presidente Donald Trump sobre los nuevos aranceles de Estados Unidos ha generado revuelo y sorpresa en el ámbito internacional. Entre los países afectados se encuentran naciones de dimensiones económicas reducidas, como Lesoto y Madagascar, que enfrentarán tasas del 50% y 47%, respectivamente, sobre sus exportaciones hacia territorio estadounidense. Sin embargo, la verdadera sorpresa surgió con la inclusión de las islas Heard y McDonald, un territorio australiano deshabitado y de difícil acceso, cubierto por glaciares y hogar de pingüinos. La reacción desde Australia no se hizo esperar, con el primer ministro Anthony Albanes expresando su asombro ante una medida que considera demuestra que «ningún lugar del mundo es seguro» mientras Trump esté en el poder.
Además de las islas Heard y McDonald, Tokelau y las islas Cocos, también territorios de baja población, se encuentran en la lista de sancionados. Los datos del Banco Mundial revelan que, a pesar de las dificultades logísticas, el comercio entre Estados Unidos y estos aislados territorios existe, registrando un inesperado incremento en el valor de importaciones desde las islas Heard y McDonald, alcanzando 1.4 millones de dólares en 2022. Estos aranceles forman parte de una estrategia más amplia de Trump de aplicar un arancel global del 10% como base, con tasas más altas para potencias como China y la Unión Europea, a las que acusa de mantener barreras comerciales contrarias a los intereses estadounidenses. La severidad e inesperada naturaleza de estas medidas han añadido un nuevo capítulo a la guerra comercial liderada por Trump en la escena mundial.
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