En el pequeño caserío de Cerrito de la Garza, ubicado cerca del pueblo de Ocampo en Guanajuato, la falta de servicios básicos ha sido una realidad cotidiana para sus habitantes. José Juan Manuel García Martínez, quien lleva más de dos décadas fabricando ladrillos y tabiques en su hogar convertido en taller, confirma que hasta hace poco tiempo no contaba con luz eléctrica. Esta carencia es parte de un fenómeno común en muchas comunidades rurales de México, donde las viviendas surgieron antes que la infraestructura de servicios esenciales. Sin embargo, una luz de esperanza ha comenzado a brillar en estos lugares gracias a la iniciativa de la Fundación Iberdrola México. Desde 2019, el programa Luces de Esperanza ha llevado energía solar fotovoltaica a los rincones más remotos del país, beneficiando a cerca de 9,500 personas con una inversión de más de 60 millones de pesos.
En Guanajuato, el programa llegó en 2025 para iluminar la vida de 437 personas, dotando de electricidad a 105 viviendas y un centro comunitario. Erika Fernández, coordinadora de la Fundación Iberdrola México, destaca el impacto social de la iniciativa, la cual no se limita a la provisión de energía, sino que abre puertas a nuevas oportunidades. La gestión técnica llevada a cabo por la empresa Iluméxico asegura la instalación y mantenimiento adecuados, con paneles solares que tienen una vida útil de hasta 20 años. José Rivera Carrillo, instalador del equipo, resalta que, a diferencia de otros proyectos, Luces de Esperanza garantiza un seguimiento continuo, resolviendo problemas técnicos que puedan surgir. Además de la energía, la comunidad del Cerrito de la Garza ahora goza de talleres educativos que enseñan el uso eficiente de los equipos, lo cual ha cambiado significativamente la rutina de sus habitantes, obteniendo un servicio más accesible y transformando su calidad de vida.
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