

En un avance significativo hacia la comprensión del trastorno por uso de alcohol, un grupo de investigadores ha analizado los mecanismos neurobiológicos subyacentes mediante el examen de tejido cerebral post mortem de individuos que consumieron alcohol de forma crónica durante un promedio de 35 años. Este estudio pionero se centró en el sistema endocannabinoide, una red de comunicación química vital que regula funciones esenciales como el placer, la memoria y el estado de ánimo.
El sistema endocannabinoide, compuesto por receptores como CB1 y CB2, sus ligandos naturales y enzimas degradantes como FAAH y MGLL, ha sido identificado como un mediador clave en la interacción con el alcohol. Aunque previamente se sabía de esta interacción, pocos estudios habían analizado directamente el cerebro humano en este contexto, haciendo de este trabajo un recurso invaluable.
Los investigadores dirigieron su atención a dos áreas críticas del sistema mesocorticolímbico: la corteza prefrontal y el núcleo accumbens. Estos puntos son esenciales en la toma de decisiones y la recompensa, respectivamente. Las comparaciones entre muestras de individuos con y sin trastorno por uso de alcohol revelaron un notable desequilibrio en la expresión de genes del sistema endocannabinoide. Destacó el aumento significativo del receptor CB1 en ambos áreas estudiadas, incrementándose un 125% en la corteza prefrontal y un 78% en el núcleo accumbens. Inversamente, la expresión del gen del receptor CB2, conocido por sus funciones neuroprotectoras y antiinflamatorias, se redujo en un 50% en ambas regiones.
Un descubrimiento intrigante fue la modificación en el receptor GPR55, cuyas funciones aún son objeto de estudio. La corteza prefrontal mostró un aumento del 19% en este receptor, mientras que en el núcleo accumbens redujo su expresión en un 51%. Este es el primer estudio que documenta cambios en el gen GPR55 en humanos con trastorno por uso de alcohol.
Los investigadores también observaron variaciones en la enzima FAAH, encargada de degradar la anandamida, un cannabinoide que modula la ansiedad y el placer. En el cerebro de los sujetos con alcoholismo, se detectó una menor expresión génica de FAAH en la corteza prefrontal, pero un 24% mayor en el núcleo accumbens, sugiriendo alteraciones en la disponibilidad de sustancias reguladoras.
Este exhaustivo trabajo se benefició del uso de muestras del New South Wales Tissue Resource Centre, en Sydney, asegurando el estudio de los efectos específicos del alcohol sin la influencia de otras drogas. La investigación, financiada por diversas entidades nacionales y liderada desde el Instituto de Neurociencias, con la colaboración de especialistas como el jefe de Psiquiatría del Hospital 12 de Octubre, Gabriel Rubio, promete abrir puertas a nuevas y más precisas terapias para combatir el alcoholismo.
En conclusión, el estudio no solo proporciona una visión detallada de cómo el consumo crónico de alcohol modifica el sistema endocannabinoide en el cerebro humano, sino que también sugiere nuevas vías para el desarrollo de tratamientos personalizados. Estos hallazgos son cruciales para avanzar en la comprensión de la vulnerabilidad a la recaída y la falta de control ejecutivo observada en individuos con este trastorno, sentando bases firmes para futuras investigaciones y enfoques terapéuticos.
