El cónclave que ha iniciado este miércoles, 7 de mayo, marca un evento crucial en la Iglesia católica, donde más de 1.400 millones de fieles esperan la señal de la fumata blanca desde la Capilla Sixtina. Este signo anunciará la elección del nuevo papa, sucediendo a Francisco como el pontífice número 267. Con un récord de 133 cardenales electores, el cónclave demanda una mayoría de dos tercios, equivalente a 89 votos, lo que predice un proceso complejo y posiblemente más prolongado. Las elecciones papales anteriores en 2005 y 2013 se resolvieron rápidamente, pero esta vez no hay un candidato claro, lo que podría extender las deliberaciones durante varios días.
El mecanismo de votación sigue un protocolo detallado. El primer día incluye únicamente una votación para mapear los apoyos, y se espera que la primera fumata sea negra, indicando que aún no hay consenso. A partir del segundo día, se llevan a cabo cuatro votaciones diarias, con pausas de reflexión si no se logra un acuerdo en tres días. La ausencia de deliberaciones dentro de la Capilla Sixtina obliga a los cardenales a negociar en momentos informales. La expectativa general es que el proceso podría durar al menos hasta el viernes, recordando el cónclave de 1978 que eligió a Juan Pablo II tras tres días de votaciones. Tras la elección de un nuevo papa, este aparece en el balcón de la Basílica de San Pedro, un momento esperado con gran expectación alrededor del mundo.
Leer noticia completa en El Pais.