

Getafe se convierte en el epicentro de la reivindicación pacífica con su tradicional chamá, articulando un poderoso mensaje de repudio hacia la guerra y el belicismo en plena celebración local. La emblemática chamá, una instalación artística que se erige en la Plaza de España, se convertirá en cenizas el próximo domingo 31 de mayo a las 23:00 horas, clausurando las festividades con un grito colectivo de ‘No a la guerra’.
La figura central de este monumento efímero es una audaz representación de Donald Trump, quien, ataviado con una toga romana, reposa en un trono fraguado con escombros, un misil levantado como si fuera una espada romana. Esta imagen busca capturar su política internacional y su ambición desmedida, visualmente resumida en un globo terráqueo manipulado en su mano, aludiendo al control destructivo que simboliza la guerra.
Luis Domínguez, concejal de Cultura de Getafe, expresa que “Getafe tiene un alma reivindicativa, y la mostramos también durante nuestras fiestas, con una chamá de triste actualidad, donde denunciamos el poder que se sostiene sobre el conflicto, la destrucción y la manipulación global”. Este evento ilustrativo escenifica, de manera creativa y mordaz, la complejidad y las tragedias de los conflictos internacionales contemporáneos.
En una de las escenas satíricas, dos gallos enfrentados baten sus alas sobre una reproducción del globo terráqueo, simbolizando a las grandes potencias mundiales en pugna, enfrentándose como actores de un tablero geopolítico caótico. Esta metáfora visualiza cómo la Tierra, marcada por las cicatrices del conflicto, paga el precio de estas contiendas de poder.
Otra escena critica la proliferación de desinformación, con una fábrica produciendo soldados etiquetados como ‘bulo’, ‘fake’ y ‘odio’. Esta alegoría denuncia cómo la manipulación mediática se ha industrializado, exacerbando divisiones y conflictos sociales mediante la producción sistemática de discursos divisivos.
Bajo el trono de Trump, un misil humanizado obliga a un ciudadano a arrastrar una carga pesada, simbolizando los bienes de primera necesidad como el vino y el aceite que se encuentran afectados por restricciones arancelarias. Esta representación acusa al aumento de precios e impuestos como las cargas que dificultan el día a día de los ciudadanos, exacerbadas por las amenazas de guerra.
Finalmente, se presenta una niña que interactúa con un entorno dual, dividido entre el colorido de los dibujos infantiles y la cruda realidad de un paisaje bélico. Esta representación poderosa destaca a los menores como las víctimas invisibles de los conflictos armados, al retratar el abismo entre la inocencia perdida y la devastación.
De esta manera, Getafe reafirma su compromiso con la paz y la justicia, utilizando su chamá como un lienzo donde se pintan las luchas y esperanzas colectivas contra la guerra y sus devastadoras consecuencias.
