La detención de Pável Dúrov, fundador de Telegram, ha revelado la dependencia del ejército ruso en la plataforma para sus comunicaciones y cuestiona la creencia de que dichas tecnologías están al servicio de intereses estatales. Además, plantea interrogantes sobre el propósito y ética del diseño de servicios digitales como Telegram y Twitter, destacando que su principal objetivo es beneficiar a sus accionistas más que proteger la privacidad de los usuarios. La concentración de poder en figuras como Dúrov, Musk y Zuckerberg también preocupa, sugiriendo que las reformas judiciales y regulatorias deberían enfocarse en responsabilizar directamente a estos líderes para evitar la impunidad y garantizar el cumplimiento de leyes de moderación y privacidad.
Leer noticia completa en El Pais.