
En marzo, directivos de la organización que impulsa la candidatura conjunta de España, Portugal y Marruecos se desplegarán por los respectivos países para evaluar el progreso de las ciudades involucradas y determinar si alguna sede podría quedar fuera del proyecto. Este análisis se vuelve crítico en un contexto donde los organizadores buscan asegurar que cada localidad cumple con los criterios necesarios para albergar eventos de tal magnitud. Particularmente, Valencia se encuentra en el foco de estos encuentros, pues se espera que las autoridades locales reconsideren su postura y den un espaldarazo definitivo al proyecto, otorgándole el impulso que necesita para mantenerse en la contienda.
Por otro lado, la ciudad de Vigo mantiene sus expectativas en vilo, atenta a los desarrollos y decisiones que se tomen sobre A Coruña y San Sebastián. La relación entre estas ciudades es clave, dado que cualquier cambio en la candidatura de una podría repercutir en las demás. El margen de tiempo para ajustar o modificar candidaturas se va acortando, y las visitas de marzo podrían ser determinantes en el desenlace de estas aspiraciones internacionales. La atención se centra no solo en la infraestructura disponible, sino también en el compromiso demostrado por las ciudades y sus autoridades para alinearse con los objetivos y requisitos del proyecto multinacional.
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