

La protección de un histórico rincón literario de Madrid se ha convertido en una prioridad cultural y patrimonial. En la calle de Claudio Moyano, junto al majestuoso Real Jardín Botánico, se encuentra uno de los enclaves más emblemáticos para la compraventa de libros antiguos y de segunda mano que ha quedado arraigado en la historia de la ciudad. Este espacio forma parte del conocido Paisaje de la Luz, un sitio incluido en la prestigiosa lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Asimismo, se destaca como una de las pocas ferias permanentes de su tipo en toda España y Europa, comparable solamente a las famosas tiendas de libros del Sena en París.
Desde su creación en 1925, este mercado ha sido mucho más que una mera feria de libros. Ha sostenido prácticas culturales y sociales vinculadas al conocimiento, la lectura y el intercambio literario, manteniendo su actividad de manera diaria, salvo por breves interrupciones durante la Guerra Civil española y la pandemia de coronavirus. Este espacio ha sido testigo de los muchos cambios políticos y sociales en España, y su valor patrimonial se refleja en numerosas obras literarias y cinematográficas, como la célebre «Viaje a la Alcarria» de Camilo José Cela, o la película «Las bicicletas son para el verano», dirigida por Jaime Chávarri.
El origen de este enclave cultural se remonta a las antiguas ferias de San Mateo, que se celebraban en Madrid hasta finales del siglo XIX. En 1919, los primeros libreros comenzaron a instalarse frente a las verjas del Real Jardín Botánico, hasta que en mayo de 1925 el Ayuntamiento aprobó formalmente la creación de un mercado permanente con 30 puestos de libros usados en su actual ubicación. Las casetas que aún albergan a los libreros fueron diseñadas por el arquitecto municipal de la época, Luis Bellido.
En la década de 1920, el mercado comenzó a ser conocido popularmente como «la Feria del Boquerón», bautizado así por el escritor Ramón Gómez de la Serna, quien observó que el precio de este pescado (15 céntimos) coincidía con el de un libro de segunda mano en la Cuesta. Durante la Guerra Civil, la feria siguió en funcionamiento, cerrando únicamente por 15 días al inicio del conflicto.
Con el paso del tiempo y la inevitable erosión, las casetas sufrieron un deterioro significativo, lo que llevó a su demolición en 1986. Los puestos fueron temporalmente reubicados al Paseo del Prado durante la reconstrucción de réplicas fieles a las originales. En julio de 2004, un incendio en una subestación eléctrica obligó a un nuevo traslado provisional a la misma área, pero tres años más tarde los libreros regresaron a su ubicación habitual, en un entorno que había sido completamente peatonalizado.
La adjudicación de las casetas, inicialmente basada en un sistema de herencia familiar, ha evolucionado hacia un proceso de licitación pública. Hoy en día, tanto la Asociación de Libreros Cuesta de Moyano como la Asociación Soy de la Cuesta son fundamentales para la preservación y revitalización de este espacio cultural, que sigue siendo un pilar de la identidad madrileña y un refugio para los amantes de los libros.
