
La comunidad científica y el mundo entero lamentan la pérdida de Emilio Cuevas-Agulló, un distinguido meteorólogo español que falleció recientemente debido a una neumonía. Nacido en 1961 en Santa Cruz de Tenerife, Cuevas-Agulló dedicó su vida profesional a combatir el cambio climático, alertando sobre el drástico aumento de las concentraciones de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera, las cuales han crecido un 35% desde su nacimiento, alcanzando 430 partes por millón. Este aumento es reflejo de la actividad humana, principalmente a través del uso de combustibles fósiles. Dirigió durante años el Centro de Investigación Atmosférica de Izaña, bajo la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), contribuyendo significativamente a los esfuerzos por comprender y mitigar el impacto ambiental a escala global.
Su legado reside en las investigaciones y las políticas climáticas que ayudó a conformar a través de su trabajo en el observatorio de Izaña, una estación clave en la Vigilancia Atmosférica Global de la Organización Meteorológica Mundial. A pesar de su jubilación en 2023 y de enfrentar una desafiante batalla contra una dolencia neurodegenerativa, la Atrofia Multisistémica Parkinsoniana, Cuevas-Agulló continuó siendo una voz influyente en la lucha contra el cambio climático. Según destaca su esposa, la vulcanóloga María José Blanco Sánchez, ponerle nombre a su enfermedad era darle visibilidad, un gesto que refleja su compromiso con la verdad y la divulgación científica. Teresa Ribera, exministra de Transición Ecológica de España, subrayó la dedicación de Cuevas-Agulló al declarar que el observatorio de Izaña no hubiera alcanzado su prestigio actual sin sus esfuerzos.
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