En un reciente ataque aéreo perpetrado por el ejército israelí en el barrio de Mezzeh, Damasco, murió Hassan Jafar Qassir, yerno de Hasán Nasralá, líder del grupo terrorista Hezbolá. Este hecho tiene lugar tras la reciente ofensiva israelí, que ha cobrado la vida de al menos 32 militantes del mismo grupo y que incluyó la eliminación de 16 de sus líderes. El contexto de estas operaciones se enmarca en las tensiones contínuas con Irán, país que realizó un ataque contra Israel alegando ser una represalia por las acciones de Tel Aviv contra Nasralá. La reciente situación en Oriente Medio es un reflejo del complejo entramado de alianzas y enemistades, donde el rol de los hermanos Qassir ha sido fundamental, dado que Hassan consolidó los vínculos entre Hezbolá e Irán a través de su matrimonio con la hija de Nasralá y la coordinación de entregas de armas junto a su hermano Muhammed.
El fallecimiento de Hassan sucede tras la notable desaparición de figuras clave dentro de Hezbolá, lo que deja al grupo sin liderazgo claro y con reticencias a nombrar nuevos dirigentes por temor a más ataques israelíes. Se destaca que desde el atentado suicida realizado en 1982 por Ahmad Qassir, hermano de Hassan, la familia Qassir ha estado involucrada activamente en operaciones contra objetivos israelíes. La influencia de Hassan, además, se extendió a operaciones financieras en apoyo del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, siendo eludidas en parte gracias a la venta ilegal de petróleo. Aunque Hezbolá ha sufrido un debilitamiento significativo, el amplio historial de sus actividades terroristas y la vigilante respuesta de Israel sugieren que las tensiones regionales continuarán siendo un tema candente en la política internacional.
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