
La magistrada Ángela Murillo, reconocida por su extenso servicio en la Audiencia Nacional, falleció este viernes a los 74 años, dejando tras de sí un legado de más de 40 años en la judicatura, 31 de los cuales los dedicó a la lucha contra el terrorismo y la corrupción. Murillo fue pionera en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional desde 1993 y protagonizó juicios emblemáticos en la reciente historia judicial española. Entre los casos más destacados de su carrera se incluyen el juicio del «caso Nécora» contra el narcotráfico, el escándalo de las «tarjetas black», la salida a bolsa de Bankia, y las causas relacionadas con el terrorismo de ETA y Al Qaeda. Su estilo directo y espontáneo, que a menudo la colocó en el foco de la polémica, fue también parte de su carácter personal, algo que ella misma reconoció en diversas ocasiones.
Ángela Murillo se retiró de la judicatura en septiembre de 2024, dejando su marca en el sistema judicial español como la primera mujer en presidir una sección de lo Penal de la Audiencia Nacional. A lo largo de su carrera, su enfrentamiento con figuras controvertidas y su participación en procesos decisivos, como el juicio EKIN contra el aparato político de ETA, cimentaron su reputación como una figura clave en la lucha antiterrorista. Además de su firmeza y capacidad de juicio, Murillo fue conocida por su ironía y capacidad de mantener un ambiente relajado en la sala, incluso en los momentos más tensos. Su legado judicial incluye no solo la lucha contra el terrorismo, sino también una significativa contribución a las causas contra la corrupción en España, como se evidenció en su participación en el «caso Tándem», relativo a los negocios de espionaje del excomisario José Villarejo. Su dedicación y ética de trabajo la convirtieron en una figura respetada tanto por quienes compartieron sala con ella como por aquellos a quienes juzgó.
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