La reciente celebración de Nochevieja en España dejó una vez más a las audiencias divididas entre el espectáculo grandilocuente de Antena 3 y el toque más tradicional de TVE. Mientras que Cristina Pedroche volvía a sorprender con uno de sus reveladores diseños, acumulando expectación entre los televidentes, TVE arriesgaba con una transmisión más sobria al contar con Chenoa en solitario en la emblemática Puerta del Sol de Madrid. Chenoa, que se desenvolvió con su soltura habitual, no estuvo acompañada de otros presentadores, lo que contrastó con el habitual acompañamiento en el balcón. La estrategia de TVE de mantenerse al margen del espectáculo vistoso de su competidor, y ofrecer en su lugar una propuesta centrada en figuras queridas por la generación de los noventa, como La Oreja de Van Gogh y Estopa, marcó un enfoque distintivo durante la retransmisión.
A pesar de la sorpresa que supuso la selección de Chenoa y el dúo Estopa como presentadores de las campanadas tras la retirada de Andreu Buenafuente y Silvia Abril, su actuación resultó menos impactante de lo esperado. Aunque demostraron naturalidad y simpatía, el intento por transmitir un aire de camaradería no terminó de cuajar, y los intentos de humor se sintieron forzados y desligados, dejando al público con una sensación mixta. Los juegos de palabras y los chistes no lograron sintonizar con la audiencia como lo hicieron David Broncano y Lalachus el año anterior, cuyo dinamismo había consolidado a TVE en el liderazgo de audiencia por primera vez en años. La noche, que tenía en perspectiva una competencia feroz entre cadenas, demostró que la algarabía y el protagonismo de los presentadores sobre el outfit fugazmente atractivo aún capturan el interés de los espectadores, quienes, finalizada la primera parte de las campanadas, corrieron a ver el destape de vestuario de Pedroche, fenómeno que, una vez más y sin sorpresa alguna, encendió debates sobre feminismo y cosificación en redes sociales.
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