La Asociación Internacional de Estibadores de Estados Unidos, con 47,000 miembros, ha iniciado una huelga significativa que busca compensaciones salariales que contrarresten los efectos de la automatización en el sector. Bajo el liderazgo de Harold Daggett, de 78 años, los estibadores han detenido sus labores en puertos clave que reciben la mayoría de las importaciones del país, cerrando cuatro de los cinco puertos más importantes para la recepción de coches. Esta huelga, la primera en más de 50 años que unifica a todos los trabajadores del sector en la costa este, se espera que cause un impacto económico considerable, con pérdidas millonarias diarias que aumentan en gravedad con cada día de inactividad. Los estibadores buscan un aumento salarial del 77% en seis años, una mejora que consideran justa frente al incremento masivo de beneficios que los grandes transportistas han experimentado desde la pandemia de Covid-19.
Este paro se suma a una ola de huelgas de otros sectores, como el sanitario, aeroespacial y automovilístico, que también persiguen mejoras frente a la inflación. La huelga de estibadores destaca como potencialmente la más impactante para la economía estadounidense, lo que coloca al presidente Joe Biden en una encrucijada política. Aunque podría invocar la ley Taft-Hartley para forzar el fin de la huelga, hacerlo contradiría su legado pro-sindical y podría afectar el apoyo demócrata en estados industriales clave antes de las elecciones, a las que faltan solo cinco semanas. Además, el gobierno ha resaltado que las compañías navieras han aumentado sus beneficios en un 800% desde la pandemia, apoyando implícitamente las demandas laborales de los estibadores. Mientras Kamala Harris, vicepresidenta y candidata demócrata, respalda la huelga, los efectos potenciales sobre la inflación y el consumidor final aumentan la tensión política y económica en este crítico periodo preelectoral.
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