

A pesar de la reconocida tradición quesera y la calidad de algunos de sus productos, España se encuentra en una posición relativamente modesta dentro del panorama europeo en cuanto a volumen de producción de queso. Según datos recientes de Eurostat, el país produce aproximadamente 538.310 toneladas en 2024, lo que lo coloca en una posición intermedia en el ranking continental, muy por debajo de las potencias queseras del continente.
El liderazgo europeo en producción de quesos lo encabezan Alemania, Francia e Italia, países que combinan modelos productivos altamente mecanizados y orientados a la exportación. Alemania, en particular, sorprende al ocupar la primera posición con 2,43 millones de toneladas, representando cerca del 23% de toda la producción comunitaria. Francia y Italia siguen en la lista, con 1,92 millones y 1,36 millones de toneladas respectivamente, concentrando más de la mitad de la producción total en la Unión Europea. Estas naciones mantienen industrias lácteas robustas, con altos niveles de automatización y una fuerte orientación hacia mercados internacionales.
En contraste, España presenta un modelo productivo caracterizado por explotaciones pequeñas y medianas, lo cual refleja una estructura menos concentrada y más diversificada en términos territoriales y de sabor. La producción española se reparte entre diferentes tipos de leche, siendo el queso de oveja el más destacado, con un 14% del total, seguido por el queso de cabra con un 10%. En términos de volumen, España domina en la categoría de queso puro de oveja en la UE y ocupa el segundo lugar en quesos de cabra, aunque estas categorías representan un porcentaje menor respecto a los quesos elaborados con leche de vaca.
Este enfoque productivo distinto permite a España mantener una amplia variedad de quesos tradicionales y artesanales que gozan de reconocimiento internacional. Sin embargo, el volumen global no alcanza a competir con los industriales y de gran escala de sus vecinos europeos. Países como Polonia y los Países Bajos superan ampliamente el millón de toneladas anuales, con más de 1,02 millones y un millón respectivamente, y también cuentan con modelos que combinan producción intensiva y exportaciones masivas.
El sector quesero europeo se concentra en un pequeño grupo de países que no sólo lideran en cifras, sino que también marcan la tendencia del mercado global: Alemania, Francia e Italia. Estos países han desarrollado industrias lácteas altamente mecanizadas, con marcas que se han convertido en referentes internacionales, como el Camembert y Brie en Francia, el Parmigiano Reggiano en Italia, y el Gouda en Países Bajos. Estos productos, protegidos por denominaciones de origen, forman parte de una producción a gran escala que impulsa la economía de sus regiones y mantiene su presencia en mercados exteriores.
Mientras tanto, la producción española, aunque menor en volumen, se distingue por su diversidad y el valor que asigna a sus quesos tradicionales, muchos de los cuales están ligados a territorios específicos y a técnicas artesanales transmitidas de generación en generación. La creación de estos productos responde en buena medida a una filosofía de pasión y hobby, como lo ejemplifica un queso manchego artesano elaborado en un pequeño pueblo de Ciudad Real, considerado uno de los más premiados en 2024.
El contraste entre el volumen y el modelo productivo revela las características particulares del sector quesero en España, donde la diversidad y la especialización tienen un valor diferencial frente a la producción en masa de otros países europeos. Sin embargo, para incrementar su presencia en el mercado global y potenciar su economía quesera, España podría beneficiarse de mayores inversiones en modernización y en potenciar sus marcas tradicionales en el ámbito internacional.
