La crisis de los alquileres se ha intensificado significativamente en Europa, con un impacto desproporcionado en ciudades españolas como Madrid, Barcelona y Valencia, donde los precios han alcanzado niveles sin precedentes. La escasez de oferta, el aumento de la demanda y la presión del turismo han contribuido a esta espiral inflacionaria, dejando a muchos ciudadanos locales en una situación de vulnerabilidad económica. En estas urbes, el acceso a la vivienda se ha convertido en un desafío monumental, afectando principalmente a los jóvenes, quienes se ven forzados a destinar una parte considerable de sus ingresos mensuales al pago de alquileres y, en algunos casos, a compartir pisos para afrontar los costos.
Los expertos estiman que la falta de políticas efectivas para aumentar la oferta de viviendas asequibles es un factor crítico detrás de esta crisis habitacional. A la par, las plataformas de alquiler vacacional han desviado propiedades del mercado residencial, reduciendo aún más la disponibilidad de viviendas a largo plazo. Estos factores han desencadenado una escalada en los precios, intensificando el debate público sobre la necesidad de regulaciones más estrictas y soluciones creativas para abordar el problema. Mientras tanto, las protestas de ciudadanos afectados continúan en aumento, reclamando intervenciones gubernamentales inmediatas para aliviar la carga financiera que recae sobre las familias y asegurar su derecho básico a una vivienda digna.
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