
La crisis de Rodalies se intensifica a medida que se inician las obras en los túneles del Garraf, una operación que durará al menos tres meses y afectará a aproximadamente 80,000 usuarios diarios de la línea R2 Sur, una de las más concurridas del sistema. Estas obras se producen mientras la red enfrenta múltiples desafíos: limitaciones de velocidad, cierres de túneles y puentes en mal estado, como el colapso reciente de un puente en La Garriga. Para mitigar el impacto, Renfe ha implementado un plan alternativo, aunque criticado por usuarios como Anna Gómez de Dignidad en las Vías, quien argumenta que faltó planificación centrada en las necesidades de los pasajeros.
Renfe y Adif han desplegado medidas para enfrentar la situación, incluyendo un aumento en el personal informativo y la reestructuración de servicios de tren y autobús. Sin embargo, estas modificaciones no han sido suficientes para calmar las quejas de usuarios frustrados por la falta de coordinación y el incremento en los tiempos de viaje. Paralelamente, la región ha experimentado fenómenos climáticos adversos, con alertas por fuertes vientos que han causado la caída de árboles y vallas, afectando ya líneas como la R11. En Barcelona, mientras tanto, el alcalde Jaume Collboni ha reactivado la Zona de Bajas Emisiones, coincidiendo con la extensión de la gratuidad en Rodalies hasta finales de marzo, en un intento de aliviar la congestión y contrarrestar la contaminación amplificada por las complicaciones del transporte ferroviario.
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