Honduras se prepara para unas elecciones generales de gran trascendencia, programadas para el 30 de noviembre de 2025, en las que se decidirán no solo el futuro presidente, sino también la composición del Congreso y los representantes ante el Parlamento Centroamericano. Estos comicios se desarrollan en un entorno de fragilidad democrática, marcado por la violencia política y las acusaciones de financiamiento ilícito. A lo largo de la campaña, se registraron al menos cuatro asesinatos de candidatos municipales, al tiempo que la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos informó de 32 homicidios políticos relacionados con el proceso electoral de 2021. La delicada situación ha llevado a Human Rights Watch a alertar sobre la intervención judicial en el proceso y a solicitar la presencia de misiones observadoras de la OEA y la Unión Europea para asegurar la transparencia.
El ámbito electoral también se complica por las recientes acusaciones penales contra miembros del Consejo Nacional Electoral (CNE). A pesar del clima tenso, el electorado hondureño, portando su Documento Nacional de Identidad vigente, podrá votar desde las 07:00 hasta las 17:00, con posibilidad de extender el horario si es necesario. Entre los contendientes más destacados para la presidencia están Rixi Moncada, del oficialismo, y los candidatos derechistas Nasry Asfura y Salvador Nasralla. Además de la presidencia, los hondureños elegirán a 128 diputados para el Congreso y 20 representantes para el Parlacen, así como a los alcaldes y sus equipos municipales en 298 localidades por todo el país. Estos comicios no solo determinarán el futuro de la política hondureña, sino que impactarán el equilibrio de poder y la gobernabilidad en los próximos años.
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