
La exigencia del nivel intermedio B2 de catalán como requisito para acceder a la función pública en Cataluña ha generado un intenso debate sobre su posible impacto en el derecho fundamental de acceso a estos empleos. Diversos sectores argumentan que, aunque el dominio de la lengua es un componente importante para garantizar la comunicación eficiente en el ámbito laboral, imponer un nivel intermedio podría constituir una barrera para muchos aspirantes que, aun teniendo un perfil profesional competente, no cumplen con el requisito lingüístico. Esta situación ha levantado preocupaciones sobre si el requerimiento se ajusta a los principios de igualdad y mérito que deberían regir los procesos de selección en la administración pública.
Por otro lado, defensores de esta medida sostienen que el conocimiento del catalán es esencial para el buen funcionamiento de las instituciones públicas en una comunidad donde es lengua oficial y de uso habitual. Consideran que el nivel B2 garantiza un dominio suficiente para desarrollar las funciones con eficacia y asegurar que los servicios se presten de manera adecuada a todos los ciudadanos. Sin embargo, las críticas apuntan a que estas exigencias podrían excluir a individuos sumamente capacitados que manejan el idioma en un nivel más básico, fomentando un debate sobre la necesidad de encontrar un equilibrio entre la promoción de la lengua y el acceso equitativo a las oportunidades de empleo público.
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