

En la Región de Murcia, la principal zona productora de melón y sandía en España, los agricultores afrontan una campaña 2026 marcada por una compleja coyuntura económica y comercial. A pesar de una buena cosecha en términos de cantidad y calidad, los productores se encuentran atravesando un escenario de pérdidas, ya que los precios de venta en el mercado se sitúan por debajo de los costos de producción. Según la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), el precio mínimo necesario para cubrir los gastos y obtener rentabilidad oscila en torno a 25 céntimos por kilo para la sandía y entre 45 y 50 céntimos para el melón. Sin embargo, en la campaña actual, los precios apenas alcanzan los 20 céntimos para la sandía y entre 38 y 40 céntimos para el melón, dejando a los agricultores en una situación insostenible.
El problema, además, no se limita a la rentabilidad interna. La producción ha sido satisfactoria en volumen y calidad, pero el consumo ha experimentado una reducción en algunos de los principales mercados europeos. La menor demanda ha complicadola colocación de la fruta, en un momento en que los costes de cultivo siguen en aumento. La situación se ha visto agravada por las fluctuaciones en el mercado europeo: los episodios de calor en Europa en julio propiciaron un aumento en la demanda de sandía hasta mediados de mes, especialmente en Alemania y Francia, generando dificultades para atender la demanda. Sin embargo, posteriormente, los precios cayeron, situándose en torno a los 20 céntimos por kilo para quienes prolongaron la campaña.
A esta disminución en la demanda se suma la creciente presencia de fruta importada desde países fuera de la Unión Europea, donde los controles fitosanitarios y los costos de producción son menores. Las importaciones de sandía procedentes de países terceros, como Turquía, Egipto, Brasil, Senegal y Marruecos, aumentaron considerablemente en el primer semestre del año. Turquía y Egipto son los principales competidores en el mercado europeo, con la tendencia de cada vez obtener más parte de sus producciones en el mercado de fruta fresca, priorizando la exportación internacional sobre el sector transformador, por mayor rentabilidad.
Para el melón, aunque las importaciones en volumen disminuyeron un 11,2%, la competencia sigue siendo acérrica. Senegal ha incrementado su presencia en el mercado del melón piel de sapo, mientras que Turquía modifica su modelo productivo, destinando más fruta a mercados de consumo directo en lugar de la industria de procesos.
Este aumento en la competencia exterior, unido a las ventajas en costos de los países productores, presiona aún más los precios en origen y en supermercado. Las grandes cadenas de distribución en Europa, por su parte, adquieren tanto productos nacionales como importados, muchas veces optando por la fruta extranjera para reducir costos. La estrategia de promociones y ofertas en los supermercados favorece una competencia desleal que termina repercutiendo en los agricultores locales, quienes ven cómo sus productos se venden a precios que no cubren ni siquiera los costes de producción.
El resultado de esta situación podría tener consecuencias a largo plazo en la estructura del sector agrícola en la región. Aunque por ahora se mantiene la superficie cultivada, la persistencia de estas condiciones de mercado podría obligar a los productores a reducir su producción si las pérdidas continúan. La presión de las importaciones, sumada a las políticas comerciales y la desigualdad en las reglas del juego internacional, generan inquietud en un sector clave para la economía regional y nacional.
Desde COAG se exige un mayor control sobre las importaciones, tanto en volumen como en controles fitosanitarios, y se solicita que los productos llegados a Europa tengan regulaciones similares a las que enfrentan los agricultores comunitarios. Además, consideran fundamental impulsar campañas de promoción del producto nacional y establecer mecanismos que protejan el precio percibido por el productor. La organización ya ha comenzado a valorar movilizaciones a nivel nacional para exigir soluciones inmediatas ante la crisis de precios y la creciente competencia exterior, en un momento en que la sostenibilidad del modelo productivo en el campo español peligra ante la coyuntura actual.
