

Un estudio reciente realizado por investigadores de la Universidad de Pensilvania ha puesto en duda la tranquilidad que muchas personas creen obtener utilizando sonidos artificiales como el ruido rosado para dormir. Este tipo de sonidos, que recordamos por su similitud con la lluvia, el viento o el mar, se ha vuelto popular en diversas aplicaciones y máquinas diseñadas para mejorar la calidad del sueño, confiando en que ayudan a enmascarar ruidos molestos y a promover la relajación.
Sin embargo, los científicos advierten que el impacto del ruido rosado en el sueño podría no ser tan benigno como se pensaba. La investigación, publicada en la revista Sleep, analizó el sueño de 25 adultos sanos durante siete noches en un entorno controlado. Los resultados revelaron que la exposición constante a este tipo de sonido, comparable a una lluvia moderada a 50 decibelios, puede reducir en casi 19 minutos la fase REM del sueño. Esta etapa, crucial para el procesamiento de recuerdos y la recuperación emocional, es vital para el bienestar psicológico y físico.
Para determinar estos efectos, los investigadores sometieron a los participantes a diferentes condiciones: noches en silencio, con ruido rosado, con ruido de aviones, con una combinación de ambos y usando tapones para los oídos. Los hallazgos mostraron que tanto el ruido de aviones como el ruido rosado affectaron la calidad del sueño, haciéndola más liviana y fragmentada. Especialmente, la combinación de ambos ruidos generó un daño mayor, disminuyendo aún más los niveles de sueño profundo y REM, además de aumentar el tiempo en que las personas permanecían despiertas durante la noche.
Además, las pruebas revelaron que el uso de tapones para los oídos puede ser una estrategia efectiva para mitigar estos efectos, ayudando a preservar la calidad del descanso. Sin embargo, los investigadores advierten que, si bien las máquinas de sonidos son cada vez más populares, aún no hay evidencia concluyente sobre los efectos a largo plazo del uso continuo de ruidos de banda ancha como el rosado o el blanco. La preocupación principal es que los efectos podrían ser aún más peligrosos en poblaciones vulnerables, como los niños, quienes pasan más tiempo en la fase REM y podrían ser más sensibles a estas alteraciones del sueño.
El profesor Mathias Basner, responsable del estudio, dejó claro que aún se necesita más investigación para entender completamente estas implicaciones. Los efectos a largo plazo del uso habitual de estos sonidos artificiales en la calidad y estructura del sueño siguen siendo desconocidos, lo que plantea dudas sobre la seguridad de confiar en ellos como método universal para mejorar el descanso.
Mientras millones de personas en todo el mundo continúan usando máquinas o aplicaciones para dormir, basándose en que estos sonidos les ayudan a relajarse o a bloquear ruidos externos, la comunidad científica recomienda ser cautelosos. La aparente inocuidad de los ruidos como el rosado podría estar en entredicho, especialmente en niños y en personas con problemas de sueño o vulnerabilidades específicas. La clave está en el volumen, la duración y la sensibilidad individual, aspectos que todavía requieren mucha más atención y estudio.
Este hallazgo invita a reflexionar sobre las prácticas comunes en el cuidado del sueño. Antes de cerrar los ojos confiando en un sonido artificial, conviene considerar si realmente contribuye al descanso o, por el contrario, podría estar alterando procesos esenciales para la salud emocional y física. Como en tantas otras áreas, la moderación y la evidencia científica deben guiar nuestras decisiones para lograr un sueño reparador y saludable.
