

El precio de la gasolina en las estaciones de servicio continúa marcando tendencias al alza, pero la raíz del problema escapa a la simple referencia del valor del petróleo en los mercados internacionales. Aunque el incremento en el costo del crudo ha sido uno de los factores que contribuyen a la subida, estudios y análisis recientes revelan que la mayor parte del precio que paga el consumidor se debe a componentes fiscales y costos asociados a la distribución.
El experto en automoción Máximo Sant ha señalado, a través de sus análisis en plataformas como TikTok, que el elemento que realmente es más barato de lo que muchos creen es el petróleo en origen, el cual supone aproximadamente el 35% del coste total del litro de gasolina. Sant explica que el coste de la compra del petróleo en los yacimientos ronda los 70 céntimos de euro por litro, un valor que cuadra con alrededor del 35% del precio en la gasolinera.
A partir de ese punto, el proceso que traslada y refina el crudo también tiene su impacto. El transporte marítimo, desarrollado por grandes petroleros que pueden mover miles de toneladas en economía de escala, supone únicamente unos 3 céntimos por litro, lo que equivale a cerca del 1,5% del coste total. La fase de refinado, por su parte, resulta más costosa debido a la infraestructura necesaria y a los elevados costos de producción en las refinerías, que representan aproximadamente un 13% del precio final (unos 26 céntimos de euro por litro).
El traslado del combustible desde las refinerías hasta las estaciones —una tarea que en España realiza principalmente la compañía Exxon mediante oleoductos y camiones cisterna— añade un coste adicional cercano a los 11 céntimos, representando el 5,5% del precio total. Sumando estos componentes, el costo previo a impuestos para el consumidor se sitúa en torno a un euro por litro.
El dato esclarecedor, y quizás el más polémico, es el peso que tienen los impuestos. Sant revela que el Estado se queda aproximadamente con el 45%-50% del precio final, cerca de 90 céntimos por litro vendido. Estos impuestos incluyen el impuesto de hidrocarburos y el IVA, que se aplica en una estructura particular: no solo sobre el valor base del combustible, sino también sobre el impuesto de hidrocarburos, creando una doble carga fiscal. Este esquema, según el experto, resulta en un tributo que es prácticamente un «impuesto sobre otro impuesto», una práctica que en teoría debería estar prohibida.
La carga fiscal resulta ser la principal responsable del encarecimiento, influyendo en que el precio en la gasolinera ronde los dos euros por litro en muchos casos. Según los cálculos presentados, alrededor de la mitad del costo final corresponde a impuestos, lo que explica en buena medida la percepción general de que el combustible es excesivamente caro sin que el precio del petróleo sea el único culpable.
Este análisis ayuda a entender por qué, pese a las fluctuaciones en el mercado internacional del petróleo, los precios en los surtidores no siempre reflejan con precisión esas variaciones. La estructura impositiva, combinada con los costos de distribución y refinado, ha convertido al precio del combustible en un escenario complejo donde los impuestos juegan un papel central. La discusión sobre posibles reformas fiscales en este sector se ha intensificado para buscar mecanismos que alivien el peso que soportan los consumidores en un contexto de creciente preocupación por el costo de la vida y la movilidad.
