Nuria Blanco, una artista madrileña de 45 años, ha logrado fusionar su pasión por el dibujo con la cerámica, un soporte que originalmente no planeaba explorar. Blanco, que se especializó en dibujo y grabado en Bellas Artes, encontró en la cerámica un medio ideal para trasladar sus creaciones orgánicas y botánicas a objetos utilitarios. Su incursión en esta disciplina surgió casi por accidente, durante la creación de una escultura para una exposición, donde los tiempos muertos del proceso cerámico la llevaron a experimentar con dibujos sobre platos. Este cambio de soporte le fue sugerido por una profesora, marcando el inicio de una trayectoria inesperada pero fructífera que ha definido su carrera artística actual.
La obra de Blanco se distingue por sus vajillas pintadas a mano, donde los diseños continúan de una pieza a otra, formando un conjunto visual coherente. Su enfoque no solo aprecia el arte en su estado de contemplación, sino que juega con la interacción de las personas con los objetos, revelando sus dibujos a medida que se consume el alimento. Su renombrado método se ha expandido recientemente con una colaboración con Loewe Perfumes, donde ha creado azulejos inspirados en los rótulos cerámicos de Madrid. Esta fusión entre arte y funcionalidad es un testimonio de cómo Nuria Blanco ha refutado las limitaciones de la cerámica, transformándola en un lienzo tridimensional que revaloriza lo cotidiano y celebra la creatividad artesanal.
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