El fútbol francés se encuentra sumido en una tormenta de controversia tras las declaraciones del presidente del Olympique de Marsella, Pablo Longoria, quien criticó duramente a la Ligue 1 tras la derrota del club marsellés frente al Auxerre por 3-0. El encuentro estuvo marcado por decisiones arbitrales polémicas, como la expulsión de Derek Cornelius por doble amarilla. Molesto, Longoria denunció presuntos actos de corrupción en el arbitraje y no dudó en calificar el campeonato francés de «mierda», sugiriendo que, si se presentara la oportunidad, Marsella estaría dispuesto a unirse a la Superliga Europea, un proyecto aún impulsado por clubes como el Real Madrid y el Barcelona. Estas declaraciones han generado revuelo no solo en el ámbito deportivo, sino también en el institucional, al tensionar aún más las relaciones en la Ligue 1.
La reacción del Sindicato de Árbitros de Francia (SAFE) no se hizo esperar. Horrorizados por los comentarios de Longoria, anunciaron su intención de emprender acciones legales contra él por difamación, argumentando que sus palabras han puesto en riesgo la seguridad de los árbitros, con Jérémi Stinat, el árbitro del polémico encuentro, recibiendo incluso amenazas de muerte. Desde SAFE expresaron su preocupación por el incremento de críticas hacia los árbitros, comparando la situación con lo que ocurre en España, señalando que los clubes grandes allí también cuestionan las decisiones arbitrales con frecuencia. Esta disputa amplía la brecha entre el club marsellés y la liga, en especial con la rivalidad latente con el Paris Saint Germain, cuyo presidente, Nasser Al-Khelaifi, es uno de los opositores más firmes de la Superliga.
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