Desde que asumió su nuevo mandato en la Casa Blanca, Donald Trump ha centrado su atención en asegurar el suministro de minerales críticos y tierras raras para Estados Unidos. Inicialmente, en su ambición por adquirir territorios ricos en estos recursos, llegó a proponer la anexión de Groenlandia, apuntando a su vasta riqueza mineral que incluye uranio, petróleo y gas natural. Ahora, Trump también ha puesto la mira en Ucrania, un país que alberga significativas reservas de minerales esenciales como el grafito y el titanio. Estos recursos son fundamentales para la fabricación de dispositivos electrónicos, baterías y sistemas de defensa, lo que convierte a Ucrania en un objetivo clave para la estrategia de autoabastecimiento de minerales críticos del mandatario estadounidense.
La creciente competencia global por el control de las tierras raras ha alertado también a la Unión Europea, que busca asegurar su acceso a estos recursos estratégicos. Paralelamente, Estados Unidos se enfrenta a un fuerte desafío debido a su dependencia de China, que controla gran parte de la extracción y procesamiento mundial de tierras raras. En este contexto, Trump ha aclamado la necesidad de fortalecer la competitividad del país norteamericano, considerando las valiosas reservas de Ucrania como una solución potencial. Sin embargo, retos significativos se presentan, dado que un tercio de los recursos de tierras raras de Ucrania están bajo control ruso desde la invasión de 2022, lo que complica la viabilidad de acceder plenamente a estos recursos. Además, la exploración insuficiente de las reservas minerales ucranianas plantea incógnitas sobre su verdadero potencial.
Leer noticia completa de Internacional en El Independiente.