La reciente controversia en torno a las acusaciones de manipulación política por parte del gobierno de Pedro Sánchez ha alcanzado nuevos niveles con el veto del Gobierno a una pregunta parlamentaria del Partido Popular (PP) en el Congreso de los Diputados. La interrogante, dirigida al ministro para la Transformación Digital y la Función Pública, Óscar López, en relación a las acusaciones de filtraciones de información, fue bloqueada con el argumento de que no se trataba de un asunto de competencia gubernamental. Esta acción ha generado críticas por parte del PP, que acusa al Ejecutivo de utilizar tácticas dilatorias para evitar el escrutinio sobre el manejo del caso que involucra al novio de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y su presunto delito fiscal.
Mientras tanto, el foco se ha desplazado al líder del PSOE en Madrid, Juan Lobato, quien ha denunciado un «linchamiento» por parte de algunos miembros de su partido tras registrar en una notaría una conversación comprometedora que incluye a Pilar Sánchez Acera, exjefa de Gabinete en Moncloa. Lobato, que se ha negado a dimitir, ha sido indirectamente respaldado por su partido, que desvía la atención hacia el PP, instando a Isabel Díaz Ayuso y su formación a proporcionar explicaciones. En este contexto, el portavoz del Grupo Popular, Miguel Tellado, ha sugerido que Lobato podría ser víctima de futuras filtraciones sobre su conducta, observando un patrón similar de manipulación política. La situación ha exacerbado las tensiones entre los principales partidos en un año marcado por el 41 Congreso Federal del PSOE, que se celebra en Sevilla.
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