

La Semana del Copyright está en pleno desarrollo, y con ella llegan una serie de debates intensos sobre cómo deben evolucionar las políticas de derechos de autor en el contexto de las tecnologías emergentes. Diversas organizaciones han unido fuerzas para discutir los principios que deberían guiar estas políticas, especialmente en relación con su impacto en la creatividad y la innovación.
Históricamente, los titulares de derechos de autor han expresado inquietudes respecto a cómo las nuevas tecnologías, como los motores de búsqueda en Internet, podrían amenazar la creatividad. Argumentan que estas tecnologías permiten la copia masiva de obras protegidas sin autorización. Sin embargo, los tribunales han sostenido consistentemente que copiar para entender, indexar y localizar información constituye un uso justo, esencial para mantener libre y abierto el acceso a la información en la red.
El debate actual se centra en el control que los propietarios de derechos de autor deberían tener sobre cómo otros analizan, reutilizan y construyen sobre obras existentes, especialmente en el campo de la inteligencia artificial (IA). En Estados Unidos, los tribunales han reafirmado que copiar con fines de análisis y aprendizaje es un uso justo, un principio aplicable tanto para humanos como para máquinas. Esto ha sido fundamental para el desarrollo de tecnologías como los motores de búsqueda y el análisis de grandes datos en investigación.
La formación de modelos de IA representa una extensión de este principio, permitiendo que los sistemas de IA generen nuevos resultados a partir del análisis de patrones sin sustituir a las obras originales. Un cambio en la legislación que requiera permisos para este tipo de análisis podría afectar negativamente el aprendizaje automático, la minería de textos y datos, y la investigación en general.
Un caso reciente, Bartz v. Anthropic, resalta esta perspectiva al determinar que el uso de obras protegidas para formar modelos de IA es altamente transformativo. Este fallo destaca la importancia de considerar la transformación y no el impacto en la cuota de mercado de las obras existentes.
La preocupación por los efectos de la automatización en el empleo es válida, pero expandir el control de los derechos de autor no es la respuesta adecuada. Imponer licencias obligatorias podría imponer obstáculos significativos a las pequeñas empresas y proyectos de código abierto, beneficiando únicamente a las empresas tecnológicas más grandes.
El aprendizaje a partir de obras previas es clave para la libre expresión, y es imperativo que los tribunales continúen protegiendo el uso justo. Al igual que con la llegada de la fotocopiadora o el videocassette, que se temió podrían destruir la creatividad pero la expandieron, el uso justo debe seguir siendo central para enfrentar los desafíos que plantea la inteligencia artificial.
