
El envejecimiento de la población es uno de los fenómenos demográficos más relevantes y complejos que enfrentan muchas sociedades en la actualidad. Los discursos tradicionales sobre esta tendencia generalmente se centran en los desafíos que impone: presión sobre los sistemas de salud, sostenibilidad de las pensiones y el temor a que la economía se desacelere o se estanque. Sin embargo, voces expertas como la de Sarah Harper, directora del Instituto Oxford sobre el Envejecimiento de la Población, proponen una mirada diferente, más optimista y estratégica, que busca aprovechar las oportunidades que este cambio demográfico puede ofrecer.
Harper sostiene que “las preocupaciones por el envejecimiento de la población son exageradas” y que la sociedad debería aprender a celebrar y valorar la cohorte de adultos mayores cada vez más saludable, activa y creativa. Desde esta perspectiva, el envejecimiento no es solo un problema a resolver, sino una etapa que puede potenciar el desarrollo social y económico si se implementan las políticas y las actitudes correctas. Considera, además, que un crecimiento en la longevidad es un reflejo del avance en salud y educación, que ha permitido a muchas personas vivir más y mejor, con mayores niveles de calidad de vida.
El cambio en la estructura poblacional, que en algunos países ya se asemeja a un “rascacielos” en lugar de la clásica pirámide, responde a la caída sostenida en las tasas de fertilidad y al aumento de la esperanza de vida. En el Reino Unido, por ejemplo, se estima que para 2072 casi un cuarto de la población tendrá 65 años o más. Esto plantea la necesidad de reinventar las formas en que concebimos la vida social y laboral, promoviendo la reconversión profesional y la formación continua de los adultos mayores para que puedan seguir contribuyendo a la economía y a la comunidad.
Harper destaca que “la principal oportunidad era aprovechar la mejora en la salud y la educación de los adultos mayores, especialmente entre los 50 y los 70 años”. Es imperativo reducir las desigualdades en salud y educación para que todos los mayores tengan acceso a una participación significativa. La idea no es solo aceptar que una parte importante de la población será de la tercera edad, sino también crear nuevas formas de vida y trabajo que valoren su experiencia y capacidades. Esto implica abandonar los modelos del siglo XX y apostar por un enfoque flexible, que combine empleo, formación y tiempo libre, promoviendo así un envejecimiento activo y productivo.
El desafío de las bajas tasas de fertilidad también está ligado a la forma en que las sociedades apoyan a las nuevas generaciones. A pesar de los esfuerzos en algunos países, la tendencia a no tener hijos sigue vigente, influida por factores como las crisis climáticas, la pandemia, la inseguridad económica y cambios en la percepción sobre la maternidad. Harper señala que “ofrecer servicios de cuidado infantil asequibles y de alta calidad es la clave para liberar el potencial tanto de los adultos jóvenes como de los mayores”. La disponibilidad de apoyo para la crianza puede incentivar a las familias a tener más hijos y, al mismo tiempo, facilitar la participación de todas las edades en la vida laboral y social.
Por otro lado, la sostenibilidad de los sistemas de pensiones y la prolongación de la vida activa son temas críticos. La actual estructura basada en jubilaciones tempranas y largas expectativas de vida resulta insostenible. Harper propone, por ejemplo, ajustar la vinculación de las pensiones a las cotizaciones, en lugar de establecer una edad fija de retiro, para que las personas puedan seguir aportando y beneficiándose del sistema sin requerir una jubilación estrictamente anticipada.
En esta línea, la comparación con la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral en las décadas pasadas resulta esclarecedora. La sociedad pudo adaptarse y aprovechar esa transformación, y ahora debe hacer lo mismo con la participación de los mayores. Harper advierte que “dentro de unos años, la estructura demográfica será similar a un rascacielos en lugar de una pirámide, y eso no tiene por qué ser negativo si se adoptan las políticas adecuadas”.
Finalmente, el cambio en la percepción social respecto a quien envejece es fundamental para construir un entorno más inclusivo y dinámico. En su análisis, Harper indica que la disminución en las tasas de fertilidad y el aumento en la expectativa de vida activa plantean una serie de retos pero también oportunidades únicas. La idea es que la sociedad deje de ver el envejecimiento como un fenómeno solo a resistir, para comenzar a considerarlo como una etapa en la cual hay que invertir en salud, educación y reconocimiento del valor de la experiencia acumulada. Solo así se podrá transformar un desafío demográfico en una oportunidad real para potenciar el bienestar colectivo.
