A comienzos de los ochenta, el PSOE adoptó una socialdemocracia similar a la europea, dejando atrás sus inclinaciones marxistas de la etapa republicana. Tras la muerte de Franco en 1975, el partido regresó con fuerza, ocupando alcaldías y autonomías, pero priorizando siempre el interés del partido sobre el individual. La estrategia del PSOE ha sido garantizar su supervivencia, aun a costa de distorsionar la realidad, y se ha desconectado de las necesidades ciudadanas. Según Escohotado, la era Zapatero reavivó viejos conflictos, y Sánchez continúa esta tendencia. Se argumenta que los izquierdistas proyectan sus vicios en los opositores y buscan controlar la narrativa a través de la educación y las redes sociales. Se sugiere que la prosperidad aumenta con el alejamiento del socialismo, como en el caso de Argentina, y se critica al PSOE por estar más cerca del totalitarismo que de sus ideales iniciales.
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