El dólar estadounidense está enfrentando su peor primer semestre desde 1973, reflejando una creciente desconfianza internacional en la política económica de Estados Unidos. Según Bloomberg, el índice dólar ha caído un 10,8% en lo que va de 2025, una situación que evocaría, aunque por diferentes razones, los tiempos de crisis durante el colapso del sistema de Bretton Woods.
Actualmente, el dólar enfrenta presiones debido a un déficit por cuenta corriente cada vez más insostenible y un aparente repliegue del capital extranjero. La percepción de que la Reserva Federal podría estar influenciada por la política añade una capa de incertidumbre que complica el panorama para la divisa.
El estratega de divisas de Deutsche Bank, George Saravelos, describe este fenómeno como una «huelga de compradores». No se trata de una venta masiva de activos estadounidenses, sino de una creciente reticencia a adquirirlos. Los flujos de fondos han mostrado una disminución en la compra de activos denominados en dólares a niveles mínimos, un comportamiento que se suma a un déficit exterior preocupante.
Por otro lado, el euro se ha fortalecido significativamente, apreciándose cerca de un 9% frente al dólar desde el inicio del año. Factores como el diferencial de tipos de interés y la percepción de estabilidad fiscal en Europa están impulsando este repunte. Alemania ha anunciado nuevos estímulos fiscales mientras el Banco Central Europeo parece inclinado a mantener políticas restrictivas, fortaleciendo aún más la moneda común.
Las proyecciones de Deutsche Bank sugieren que el dólar podría necesitar depreciarse adicionalmente entre un 30% y un 35% para corregir los desajustes económicos actuales de Estados Unidos. Un ajuste de tal magnitud podría ayudar a equilibrar el déficit por cuenta corriente, aunque no está exento de riesgos.
El debilitamiento del dólar también es visto por algunos analistas como parte de una estrategia deliberada. Se sospecha que la administración de Trump podría estar influyendo en la política de la Reserva Federal para flexibilizar el crédito y aumentar el gasto sin desencadenar tensiones inmediatas de deuda. La reciente flexibilización del ratio de apalancamiento para grandes bancos podría ser parte de esta estrategia, añadiendo aún más presión sobre la divisa.
En este contexto, el futuro del dólar parece incierto. Las políticas de Estados Unidos, el alejamiento de inversores internacionales, y la posible presión política sobre la Reserva Federal están configurando un entorno en el que el billete verde podría perder su otrora estatus hegemónico. Mientras tanto, si la eurozona sigue aplicando políticas fiscales prudentes y el BCE mantiene su autonomía, el euro podría consolidarse como un activo seguro en el ámbito internacional. La situación actual sugiere un posible cambio estructural en el mercado global de divisas, cuyo desenlace aún está por verse.