En el corazón del Vaticano, la figura del camarlengo emerge como un pilar esencial, especialmente durante los períodos de sede vacante, cuando la Iglesia Católica se enfrenta a la tarea de elegir un nuevo Papa tras la muerte o renuncia del pontífice. En la actualidad, el cardenal Kevin Joseph Farrell, nombrado por el Papa Francisco en 2019, ocupa esta posición clave. De origen irlandés y nacionalizado estadounidense, Farrell también dirige el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Ante las recurrentes preocupaciones por la salud del Papa Francisco, de 88 años, el rol del camarlengo se vuelve aún más relevante. Farrell sería el encargado de gestionar la transición en el caso de que el Papa falleciera o decidiera renunciar, un proceso que fue visto por última vez en 2013 con la histórica renuncia de Benedicto XVI.
El camarlengo desempeña numerosas funciones cruciales durante la sede vacante. Además de verificar oficialmente el fallecimiento del Papa y sellar sus aposentos, el camarlengo asume el control temporal de la administración del Vaticano y organiza el cónclave para elegir al nuevo pontífice. Históricamente, figuras como Eduardo Martínez Somalo y Tarcisio Bertone han jugado roles decisivos como camarlengos en situaciones similares. En el contexto actual, la labor del cardenal Farrell, aunque discreta, es fundamental para asegurar que la sucesión papal se realice de manera ordenada, respetando las tradiciones centenarias de la Iglesia Católica. Su tarea garantizará que la transición, cuando llegue el momento, se lleve a cabo con la máxima eficiencia y solemnidad.
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