
En 2011, Carles Puigdemont irrumpió en la escena política catalana al hacer que la derecha nacionalista desalojara a los socialistas de la alcaldía de Girona, un bastión del PSC durante 32 años. Este logro lo catapultó a la primera línea de la política, llevándolo en 2015 a postularse para la presidencia de la Generalitat respaldado tanto por la derecha como por la izquierda independentista. Sin embargo, después de la controversial declaración de independencia en 2017, que fue rápidamente congelada, Puigdemont ha vivido una serie de reveses. Estos incluyeron una derrota rotunda del movimiento soberanista, su exilio y la pérdida del control sobre la Generalitat, primero a manos de Esquerra Republicana y luego del PSC. A pesar de recibir indulto y amnistía por parte del gobierno español, el líder de Junts ha pasado a ser menos un símbolo de unidad independentista y más un testimonio de las divisiones internas dentro del independentismo catalán.
En este contexto, Junts ha endurecido su postura, distanciándose del legado inicial de Convergència, que combinaba democracia cristiana y toques socialdemócratas. Actualmente, bajo el liderazgo de Puigdemont, Junts adopta posturas neoliberales similares a las del Partido Popular y Vox, abogando por medidas como la eliminación de impuestos sucesorios y la limitación de la inmigración. A pesar de que el gobierno de Pedro Sánchez ha ofrecido concesiones significativas como la amnistía, Junts ha optado por un enfoque más confrontacional, reiterando su desdén por la coalición del PSOE con Sumar. La portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, ha dejado en claro su rechazo al diálogo con Sánchez, acusándolo de cínico y alineando a su partido cada vez más con la derecha tradicional española, en una radicalización que redefine la posición política de Junts dentro del espectro político español.
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