

Tomás Olivo, originario de Murcia, ha demostrado que en el mundo de los negocios la discreción puede ser tan poderosa como la visibilidad. Sin apenas aparecer en la escena pública, este empresario ha conseguido consolidar un imperio que ha escalado significativamente en el ranking de las fortunas españolas, superando incluso a grandes fondos internacionales y dejando su marca en uno de los inmuebles más emblemáticos de Madrid.
En el año 2025, Olivo alcanzó un patrimonio de 4.600 millones de euros, según la lista Forbes de los más ricos en España, lo que supone un incremento de más de mil millones en solo un año. Esta fuerte subida de su fortuna se atribuye tanto a los buenos resultados de su holding inmobiliario, General de Galerías Comerciales, como a su reciente diversificación en el sector bancario, donde ha logrado posicionarse como segundo accionista de Unicaja Banco.
Su principal activo, una cartera sólida de centros comerciales como Nevada Shopping en Granada, La Cañada en Marbella y Serrallo Plaza, le otorga un gran poder en el mercado minorista del país. A esta base, se suman inversiones estratégicas en inmuebles históricos, como la adquisición en mayo de 2026 del icónico edificio de Telefónica en la Gran Vía madrileña por más de 200 millones de euros. La operación, de gran carga simbólica, fue uno de los movimientos inmobiliarios más relevantes de los últimos años, en una operación que contó con un proceso competitivo que excluyó a fondos internacionales de renombre, como Bain Capital, Generali, Prime Investors Capital y Grupo Drago.
El edificio, construido hace casi un siglo, no solo es un símbolo arquitectónico y patrimonial, sino también un escenario clave en la historia de las telecomunicaciones en España. Durante la Guerra Civil, sirvió como punto estratégico de comunicaciones y observación, y su protección máxima impide cualquier modificación sustancial. La normativa vigente limita sus usos comerciales a gran escala, dificultando la transformación del inmueble en hotel de lujo o viviendas, aunque las restricciones tampoco impiden su conservación como un activo de alto valor cultural y patrimonial.
A diferencia de otros inversores que descartaron la compra por las complejidades urbanísticas, Olivo optó por respetar la vocación original del edificio, consolidando su influencia en un mercado que combina tradición y patrimonio histórico. Esta estrategia refleja esa visión a largo plazo que ha caracterizado su carrera, sustentada en la diversificación del patrimonio y una gestión discreta que, sin embargo, le ha permitido crecer exponencialmente en los últimos años.
El perfil del empresario murciano contrasta con la exposición mediática de otros magnates del sector, pues Olivo mantiene un perfil bajo, evitando protagonismos innecesarios y limitándose a administrar su fortuna con un enfoque reservado pero efectivo. La adquisición del edificio de la Gran Vía evidencia una visión que combina respeto por el patrimonio con una estrategia de inversión que, en la actualidad, ha convertido a Olivo en uno de los personajes más influyentes del panorama económico español, con un poder que trasciende su bajo perfil público.
