
El servicio de emergencias 112 del País Vasco recibió 32 llamadas el 29 de octubre de 2024, en medio de las devastadoras riadas que afectaron al sur de la provincia de Valencia, resultando en al menos dos víctimas mortales. Según un informe presentado al Juzgado de Instrucción de Catarroja, que investiga la respuesta a la emergencia, las llamadas se concentraron principalmente en la preocupación de familiares y amigos por la situación de sus seres queridos, muchos de los cuales estaban atrapados o en peligro en la Comunitat Valenciana. A lo largo de la jornada, las comunicaciones incluían relatos aterradores, como la llamada de una mujer desde Zegama que reportaba la incapacidad de rescatar a una persona dependiente.
El informe, firmado por el director de Atención de Emergencias y Meteorología del Gobierno vasco, Joseba Zorrilla, revela que hubo dificultades para transferir las llamadas a los servicios de emergencia locales de la Comunitat Valenciana, lo que complicó la gestión de la crisis. Entre las comunicaciones más críticas, se registró una llamada desde Bilbao, donde un hombre alertaba sobre la situación de su esposa en un chalé en Picassent, así como otra desde Vitoria que informaba sobre el fallecimiento de una persona en una nave industrial de Loriguilla. A medida que la situación se desarrollaba, las llamadas reflejaron la desesperación de quienes intentaban obtener ayuda para sus seres queridos en medio de una tragedia que dejó un saldo trágico de 230 muertos.
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