

El ejercicio físico regular es una de las herramientas más accesibles para mejorar la salud cardiovascular y reducir la inflamación crónica. Diversas investigaciones médicas, recogidas entre otros por la Organización Mundial de la Salud y la Clínica Mayo, respaldan que la actividad física constante tiene efectos directos sobre la circulación sanguínea y la respuesta inmunitaria del organismo.
La OMS y la Clínica Mayo recomiendan al menos 150 minutos de actividad física moderada a la semana para obtener beneficios medibles sobre el sistema circulatorio y la prevención de enfermedades crónicas.
Uno de los efectos más documentados del ejercicio es su capacidad para reducir la inflamación sistémica, un factor vinculado a enfermedades como la diabetes tipo 2, la artritis o la arterosclerosis. El mecanismo central son las mioquinas, moléculas que los músculos liberan durante el movimiento.
Estas sustancias actúan como mensajeros químicos que inhiben la producción de citoquinas proinflamatorias y activan procesos de reparación celular. El ejercicio también activa rutas antiinflamatorias en el metabolismo celular, de manera que incluso sesiones cortas y regulares pueden reducir marcadores inflamatorios de forma sostenida.
La contraccion muscular durante ejercicios aeróbicos o de fuerza comprime las venas profundas de las piernas, empujando la sangre de vuelta al corazón. Esto reduce la presión venosa, ayuda a prevenir várices y mantiene la elasticidad de los vasos sanguíneos. Con el tiempo, el ejercicio regular mejora la eficiencia del bombeo cardíaco.
El sistema linfático, que no tiene una bomba central como el corazón, también depende del movimiento muscular para funcionar bien. La actividad física facilita el drenaje linfático, reduce la retención de líquidos y disminuye la sensación de pesadez en las extremidades inferiores. Además, el ejercicio continuado favorece la formación de nuevos vasos sanguíneos (angiogénesis), lo que aumenta la densidad capilar y mejora el aporte de oxígeno y nutrientes a los tejidos musculares.
Los expertos advierten de que es necesario progresar de forma gradual, especialmente en personas con antecedentes de problemas cardíacos o procesos inflamatorios. La regularidad es más importante que la intensidad: una rutina diaria moderada tiene efectos más duraderos que esfuerzos esporádicos y exigentes.
El Ministerio de Sanidad ha publicado recientemente actualizaciones sobre estrategias de salud pública, incluyendo iniciativas de promoción del ejercicio físico como factor preventivo en enfermedades crónicas. La actividad física regular forma parte de las recomendaciones generales de salud cardiovascular que los servicios públicos de salud españoles incluyen en sus protocolos de atención primaria.
En el ámbito de la inclusión en el deporte y la actividad física, la Comunidad de Madrid también ha promovido iniciativas de formación orientadas a colectivos con necesidades específicas. Las jornadas inclusivas de seguridad y emergencias del IFISE son un ejemplo del enfoque de la Comunidad de Madrid hacia la accesibilidad y la seguridad de las personas con discapacidad, también en entornos deportivos y de actividad física.
La Organización Mundial de la Salud recomienda al menos 150 minutos de actividad moderada a la semana, o 75 minutos de actividad intensa, para obtener beneficios cardiovasculares y preventivos medibles.
Son moléculas que los músculos liberan durante el ejercicio. Actúan inhibiendo la producción de citoquinas proinflamatorias y activando mecanismos de reparación celular, lo que reduce la inflamación sistémica asociada a enfermedades crónicas.
Sí. La contraccion muscular de las piernas durante el ejercicio comprime las venas profundas y empuja la sangre hacia el corazón, reduciendo la presión venosa. Esto ayuda a mantener la elasticidad de los vasos y a prevenir la aparición de várices.
No. Las investigaciones indican que incluso sesiones cortas y moderadas, realizadas con regularidad, pueden reducir marcadores inflamatorios de forma sostenida. La constancia importa más que la intensidad.
La angiogénesis es la formación de nuevos vasos sanguíneos. El ejercicio regular favorece este proceso, aumentando la densidad capilar en los tejidos y mejorando el suministro de oxígeno y nutrientes a los músculos, lo que contribuye a reducir la resistencia vascular y la presión arterial.
